¿Cuál es la frontera que separa la privacidad y el bien común? Esta recurrente cuestión está siempre sobre la mesa cuando algunas ciudades deciden recurrir a la video vigilancia para reducir los delitos en calles determinadas. Como es natural, en estas localizaciones los derechos del individuo se verán mermados en aras del bien común: la seguridad.

En este caso, siempre habrá detractores y defensores de la reducción temporal de los derechos individuales en materia de privacidad. Pero la cuestión es diferente si es uno mismo quien decide apostar por cámaras de video vigilancia dentro del hogar.

Qué son las videocámaras domésticas

En Europa somos mucho más cautos en lo referente a los derechos individuales. Y por este motivo, las videocámaras son todavía contempladas con cierto recelo y sin que haya una causa real para ello. Que nadie piense que una cámara doméstica es un sofisticado dispositivo que uno debe contratar con una empresa de seguridad: son varios los fabricantes que ofrecen kits sencillos con auto instalación. 

Se trata de cámaras compactas y especialmente diseñadas para no desentonar con la decoración del hogar. Aunque pueden instalarse en paredes y esquinas, lo más habitual es que vengan con su propia peana para ser colocadas en mesillas o muebles . Suelen contar con ópticas gran angular, por lo que tampoco hay que obsesionarse con la ubicación exacta de las mismas. El proceso de instalación suele ser muy simple: descargarse la app del fabricante y seguir unos sencillos pasos para conectar el dispositivo a la red wifi.

Una vez se establezca la conexión, la videocámara estará registrando todos los movimientos y alertará al propietario con la frecuencia y situación que éste determine. Lo habitual suele ser enviar notificaciones al móvil cuando haya movimientos si ha salido todo el mundo de casa. El propietario recibirá la alerta en el móvil y podrá visualizar en la pantalla —en tiempo real, o el clip grabado— lo que acontece. E incluso, dependiendo del modelo, podrá llegar a establecer una comunicación bidireccional gracias al micrófono y altavoz que suelen equipar estos dispositivos.

Seguridad y privacidad

Cuando hablamos de seguridad en este tipo de dispositivos, nos podemos aproximar al término desde dos perspesctivas: la que aporta la cámara y la de la conexión.

Con respecto a la segunda, este tipo de producto incorpora un código QR único que debe validarse en el momento de la instalación: con esto se evita que resulte imposible configurar una conexión si no se tiene la cámara delante, o lo que es lo mismo, si no se ha adquirido. Adicionalmente, los modelos más sofisticados cifran la conexión de la cámara con internet de forma que resulte mucho más difícil a los amigos de lo ajeno acceder a las grabaciones.

Pero la aproximación que realmente nos interesa en este tipo de dispositivos es la segunda: ¿qué ventajas reales tiene instalar una videocámara? La primera y más evidente, es la tranquilidad. Una vez se tiene una cámara de estas características operativa se tiene un control absoluto de lo que sucede en casa. Los padres estarán mucho más tranquilos con estos dispositivos por otro motivo: sabrá cuándo llegan sus hijos a casa tras una cena con los amigos o cualquier otra situación.

¿Cómo tratarlo en casa?

Con todo, conviene recordar que una videocámara de estas características y sin una suscripción con conexión a una central de control, no avisará a la policía en caso de intrusión. Este es un dato muy relevante que debe ser tenido en cuenta, sobre todo, en segundas viviendas. Quienes quieran evitar el fenómeno okupa deberán contratar una alarma con aviso a la policía, según establece la legislación española.

Sabemos que son muy útiles y proporcionan una gran tranquilidad por una inversión mínima, pero esta información no resuelve el debate que pueda surgir en torno a la privacidad. ¿Estamos respetando los derechos de las personas con las que convivimos en el hogar?

Conviene tener en cuenta que quienes tengan control sobre la cámara —se entiende que serán los padres— pueden acceder en todo momento a lo que este dispositivo ve, ya sea en tiempo real o en una serie de sucesos que quedan registrados. 

Más allá de debates morales, lo que tiene que primar en el hogar es una conciencia de seguridad y lo más recomendable es tratar el asunto abiertamente: a partir de ahora tendremos una cámara que será utilizada con este objetivo y que supervisará los accesos o zonas de tránsito de la casa. La transparencia y el bien común deben ser los mejores argumentos para aceptar la existencia de un dispositivo con el que, a la postre, ganan todos.