La mayoría de las cosas que te pasan en la vida no las decides. No decides en qué momento te conviertes en adulto, tampoco decides ceder tu parte de la balda del baño a los productos de tu pareja, ni decides a qué hora sales de tu oficina. Simplemente, ocurre. Pero, ¡sorpresa!, puedes decidir si quieres sacar partido a tu dinero. Puede que ya hayas decidido convertirte en inversor, o lleves tiempo siéndolo, pero todavía tienes varias dudas, como qué debes hacer en función de la edad, o de tu salario. O qué estrategias para fondos de inversión puedes seguir. Estos conceptos son muy importantes, y te pueden ser de mucha utilidad toda la vida.

Primero, plantéate cuáles son tus metas. A lo mejor estás pensando en ahorrar lo suficiente como para comprar una casa, o por lo menos para pagar una parte importante de ella. O puedes plantearte combinar los ingresos financieros con los del trabajo, de modo que puedas mejorar tu nivel de vida. También puedes acumular un capital que sea suficiente para jubilarte antes de lo habitual, o para hacerlo cuando te llegue la edad legal con un buen colchón para los últimos años. O una combinación de estos objetivos, yo qué sé. La vida está llena de oes.

Ya sabes qué quieres hacer pero necesitas saber cómo. Al inicio de la carrera como profesional y como ahorrador hay una decisión que va a marcar tu camino, que es la compra de una casa. En España, hay una gran preferencia por la propiedad inmobiliaria. Tiene sus ventajas, pero como hemos visto con la crisis económica, tiene también sus riesgos. Y el pago de la hipoteca limita el margen que puedas dedicar de tus ingresos a formar tus estrategias para fondos de inversión de cara para la jubilación o para otras metas que te hayas marcado.

Es un camino posible. El otro es vivir de alquiler y crear un patrimonio financiero. Tiene algunas ventajas, como la libertad de dedicarle una cantidad mayor o menor de tu renta a la inversión, sin tener un compromiso tan potente como el de una hipoteca. Y que, en lugar de pagar intereses, los cobras.

¿Qué debes hacer como inversor en función de tu edad?
La forma de beneficiarse de una trayectoria como inversor es confiar en el poder del interés compuesto. Significa saber que los intereses que obtienes de tu inversión se dedican a generar nuevos intereses. Y que si insistes en la reinversión a lo largo del tiempo, el capital acaba creciendo muy deprisa.

El capital final dependerá mucho del tiempo que lleves invirtiendo, y especialmente de lo que hagas en los primeros años. De modo que puedes hacer dos cosas. Una, intentar ahorrar una parte generosa de tu sueldo. Te puede servir de ayuda la regla 50/30/20, que lo que dice es cómo debes distribuir lo que ganas.

Así, el 50% estaría destinado a los gastos necesarios, como el pago del alquiler o la hipoteca, los consumos, la comida, el vestuario y el transporte, o la escolaridad si tienes hijos. Y puedes jugar con el otro 50% entre gastos prescindibles y ahorro. Esta regla sugiere que el 30% lo gastes en esas cosas de las que podemos prescindir pero mejoran nuestra calidad de vida, y el 20% restante en ahorro o inversión.

Otra cosa que deberás hacer si eres joven, porque tiene mucha incidencia en cómo será tu capital final, es asumir un mayor riesgo como inversor. Pero a medida que se acerca la jubilación, te interesa más asegurar lo que has generado que aumentarlo más deprisa pero con un mayor riesgo. De modo que lo normal es que optes por un perfil más conservador.

En este sentido, hay una regla que facilita la decisión sobre cómo distribuir tus inversiones que es sencilla. La renta fija otorga una mayor seguridad, pero una rentabilidad menor que la renta variable, más rentable pero también más insegura. Varios expertos se basan en esta diferencia entre la renta fija y la variable, y en las ideas de John Bogle para proponer el método que lleva su apellido, y que es muy sencillo: Ten en tu cartera el mismo porcentaje de renta fija que los años que tengas. Así, si tienes 25 años, dedicarás 25 de cada 100 euros a la renta fija. A medida que te hagas mayor, el porcentaje de renta fija aumenta. Pierdes en rentabilidad, pero ganas en seguridad.

Una guía parecida es la del 120: A esa cifra le restas la edad que tengas, y el resultado es el porcentaje que debes destinar a la renta variable. Así, si tienes 30 años, invertirás en acciones el 90% de tu cartera. Pero si tienes 50, ese porcentaje cae al 70%.

En realidad, estos métodos son más una guía que una regla fija: no hay por qué seguirlos a rajatabla. Tienen varias ventajas: son sencillos, racionales, y acotan el papel de las emociones en la inversión. Pero lo que tienen de ventaja lo tienen también de inconveniente: no tienen en cuenta la situación del mercado ni tu situación particular. Igual que no hay una dieta o una guía nutricional estándar para todo el mundo, en la inversión pasa lo mismo. Primero, estúdiate a ti mismo, y solo conociendo tus verdaderos objetivos podrás tomar decisiones sobre cuánto invertir.