Una montaña de papeles desborda tu buzón (creo que deberías empezar a tratar ese síndrome de Diógenes). Decides desatascarlo y entre los recibos de la luz, una postal de tu abuela y publicidad del supermercado de al lado sientes que hay algo más pesado de lo habitual. Cruzas los dedos para que tus instintos te estén fallando. Te acuerdas de que viste una foto sospechosa de Marta y su novio en Facebook, ¿podrán ser más bodas?

Confirmas tus peores miedos al ver el lacito rosa y el sobre color hueso. Otra. Boda. Más.

No es que seas un “Grinch” del amor, eres de los que llora mínimo tres veces durante la ceremonia, pero tu cartera ya no puede más.

Si estás entre los 35 y 40, la edad promedio en la que los españoles se casan según el Instituto Nacional de Estadística (INE), es probable que se te acerque un verano lleno de vestidos blancos y marchas nupciales. Eso significa gastarse una media de 150 euros en cada boda (por persona, o sea que si vas con tu pareja son 300 euros). Y eso sin contar con un nuevo traje o vestido, puede que unos zapatos, accesorios… Al margen de billetes y alojamiento si la boda es en otra ciudad..

¿Cómo puedes manejar la avalancha de compromisos sin declararte en bancarrota en octubre?

No tienes que regalar lo mismo en todas las bodas

Por protocolo, lo mínimo que debes regalar a los novios es similar al precio del cubierto, que de normal oscila entre 100 y 150 euros. Lo que quieras entregar más allá de eso depende, claro, de la relación que tengas con la pareja.

Suena feo, pero para cuidar tu bolsillo no deberías regalar lo mismo a tus mejores amigos de la universidad que a la prima de tu compañero de gimnasio.

Crea un armario «bodas-friendly»

No se trata de ponerte el mismo vestido que usaste en tu graduación para ir a las bodas de todos tus compañeros de clase. Eso sí, tampoco tengas miedo a repetir prendas o accesorios.

Los chicos lo tenéis más fácil. Podéis invertir en dos o tres trajes y renovar el look con distintas camisas, corbatas o pajaritas si queréis volver a vuestra época hipster (pero, por favor, el bigote de Dalí mejor dejadlo en el pasado).

Las mujeres podéis aprovecharos de las rebajas para surtiros de vestidos o modelos que pueden repetirse y jugar con los accesorios, tacones, bolsos o tocados, para confundir a la audiencia. O incluso ser solidarias entre vosotras: prestarse vestidos entre amigas para bodas en círculos sociales diferentes es una ventaja para todas.

Prepárate con mucha antelación

Hoy en día las bodas suelen anunciarse con un año de antelación, o sea que nada más tomar las uvas ya sabes si en tu calendario caerán dos o diez compromisos. Desde el mismo 1 de enero, ve analizando y reservando los alojamientos de las bodas que sean en una ciudad distinta y también los vuelos, así te saldrán más baratos.

Ahorra de más

Si habitualmente ahorras un 20% de tu sueldo, ¿qué tal si este año que se casa hasta el apuntador subes esa cifra a un 30%? Así, dejas de gastar en otros caprichos cotidianos sin darte cuenta —sabes que no te hacen tanta falta— y cuando te toque afrontar la boda, tendrás más dinero en la recámara.

¿Y si no vas a esa boda?

La pregunta incómoda que seguramente te estás haciendo es «Si no voy, ¿debo dar regalo de todos modos?» De nuevo, depende de la relación que tengas con los novios.

Emily Post, la famosa escritora de etiqueta finales del XIX, señaló que es recomendable dar un regalo aunque rechaces la invitación. A menos que la persona que te invita y tú hayáis perdido el contacto hace mucho tiempo.

Los tiempos han cambiado un poco desde entonces y —crisis de por medio— los recién casados entienden que si no vas a ir, tampoco estás obligado a dar nada. En especial si avisas con tiempo de que estarás ausente. De todos modos, si eres cercano al novio o la novia es un detalle bonito que entregues un sobre o al menos unas flores.

No descuides tu finanzas

Si te invitan a tres bodas en verano e intentas dar al menos 250 euros en cada una, eso son 750 euros que te dejas en saraos. Revisa tus ingresos y da de acuerdo a tus posibilidades. La idea tampoco es que dejes de pagar el alquiler por cumplir con tus compromisos sociales o por miedo a quedar mal. Al fin y al cabo, las bodas celebran precisamente lo que no es material de la vida.

Si el sueldo no te da más que para cubrir el cubierto, puedes ponerte creativo y sorprender a la pareja con un regalo personalizado. Prueba con una carta, un vídeo, un mueble hecho a mano o hasta una manta tejida por ti.

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