El ser humano es un animal contradictorio, errático y fácil de engañar. “Este año voy a leer más”, “dejo el tabaco”, “voy a aprender un idioma”, “seguro que amortizo la suscripción al gimnasio” y demás quimeras. Fracasamos porque no tenemos metas realistas, definidas y concretas. Una de las claves indispensables se esconde en la necesidad de establecer hitos, pequeños objetivos durante nuestro viaje de doce meses.

No tengas muchos objetivos a la vez

Quien mucho abarca, poco aprieta. Nos venimos arriba a la mínima con un abanico de aspiraciones de la persona que tenemos en el imaginario ideal. Y claro, en cuanto nos desviamos del camino, nos rendimos.

Parece que si nos marcamos solo un par de objetivos, no estamos siendo ambiciosos, y pasamos de ahí a ordenar a nuestra fuerza de voluntad una triple sesión de ejercicio.

Pasar de 0 a 100 en tantos aspectos de vida no es realista. Piénsalo, ¿de verdad vas a perder peso, leer más, ahorrar, hablar francés, poner orden a tu economía y viajar a Nueva Zelanda en 365 días? ¿Y todo eso sin un piti de por medio? Huele a misión abortada en menos de 48 horas.

Establece horizontes concretos

Es útil cambiar el típico discurso de objetivos por uno cimentado en números específicos tangibles y fáciles de medir. Ya no caemos en la promesa habitual de transparencia frente a la corrupción; ahora exigimos medidas concretas, bases de datos públicas y castigos reales.

En tus objetivos anuales (también pueden ser mensuales o semestrales, barra libre), te servirá poner por escrito el número exacto de libros que vas a leer, tu peso deseado o el examen de escuela de idiomas al que te vas a presentar. Además, recordar tus intenciones con tu letra distinguible te ayudará a hacerte responsable de tus promesas.

Gana pequeñas batallas por el camino

Vital. No hay éxito sin estas paradas en boxes. Antes de conseguir leer una decena de libros este año, necesitas ir a un ritmo prácticamente de una obra al mes. De este modo, cada 30 días tienes la oportunidad de comprobar el estado de tus objetivos, matizar alguno de ellos (no hay nada de malo en esto) y tachar hitos que vayas alcanzando por el camino.

Funcionamos mejor si pensamos a corto plazo, por aquello de que la paciencia es una virtud no disponible en Amazon. Estas metas menores son cruciales para pavimentar el resto de la ruta.

Cada vez que vas a una biblioteca compras libros. ¿Cuándo empezarás a leerlos?
Cada vez que vas a una librería compras libros. ¿Cuándo empezarás a leerlos? FOTO / BECCA TAPPERT / UNSPLASH

Determina la manera de llegar al premio final

Siempre nos saltamos este paso. ¿Cómo vas a conseguir llegar a esa decena de libros?, ¿te los vas a comprar todos?, ¿tienes la tarjeta gratuita para pedir libros en las bibliotecas públicas?, ¿qué vas a leer?, ¿cuándo vas a incorporar la lectura en tu rutina diaria? Son algunas preguntas que te conviene saber responder, sea cual sea tu objetivo.

Necesitas construir un hábito, y para ello también te hará falta una estrategia.

No siempre es posible organizarse el día con precisión suiza, pero si reservas tu momento de lectura media hora antes de irte a dormir, sabrás cuándo lo haces y cuándo te lo saltas. Si tu objetivo es simplemente, “leer más”, puedes pasar una semana sin pasar una página y ni siquiera lo notes.

Cuando tienes una estrategia, te metes en la cama sabiendo si la has cumplido o no. Lo mismo te vale para el día que tengas que trazar estrategias de ahorro o de inversión.

Elabora un plan progresivo

Póntelo fácil. No empieces en tu primer mes de viaje leyendo Anna Karenina; te compensa elegir Señora de rojo sobre fondo gris, que se lee en dos sentadas.

Es de sentido común.

Si te preparas para hacer un triatlón y empiezas la cuesta de enero con el objetivo de 180 kilómetros de bici… Lo más probable es que ni siquiera hinches las ruedas.

Ve añadiendo dificultad por tramos, teniendo en cuenta también tu carga de trabajo durante esa semana, imprevistos y un margen de error dedicado a la pereza.

Trabaja en equipo

Quizá no sea tu estilo, pero podría ser conveniente aliarse con un colega para ir alcanzando metas mejores juntos. Como Messi y Cristiano, llevan una década trabajando en paralelo y recordándose domingo a domingo que se necesitan entre los dos para lucir su mejor versión. En cuanto uno para, el otro le adelanta. Esa competitividad nos da vida. En cuanto te ves superado, ese amor propio puede resultar beneficioso para dar un empujón a tus objetivos.

También te lo puedes tomar con más calma y simplemente compincharte con tu amigo para que te obligue personalmente a conseguir tus retos. Tu compañero de piso siempre se levanta a una hora razonable. Pídele que te suba la persiana y verás como te cuesta menos despegarte de las sábanas.

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