El hecho de que los mercados sean globales no debe hacernos olvidar la necesidad de adaptarse a la especificidades locales. Son muchos los casos en los que las empresas han tenido que cambiar los nombres de sus productos porque, en un determinado país, tenía connotaciones nada deseables. Un ejemplo clásico es el del Mitsubishi Pajero, que por sus connotaciones onanistas, pasó a llamarse Montero en España. El Hyundai Kona, provoca muchas risas en Galicia, las mismas que si en Argentina le llamaran “concha”. El Mazda Laputa no llegó a comercializarse en España, porque, aunque ese “Laputa” hacía referencia a una isla de la novela “Los viajes de Gulliver”. La sucia mente hispana hubiera generado un cachondeo de notables dimensiones. Knorr comercializa una sopa japonesa que se llama “pota”, pero por razones obvias no la vende en España. Robo advisor también lo tiene difícil.

Todo lo anterior sirve para que ponga en cuestión el concepto financiero arriba mencionado: robo advisor. Nuevamente, estamos ante la importación de un término de origen anglosajón con una traslación a nuestro país un tanto desafortunada. Todos sabemos que un robo es un delito y, si buscamos en el diccionario inglés español lo que significa advisor, nos aparecen las palabras asesor o consejero. De tal forma que un robo advisor debe ser alguien al que uno acude para preguntarle cómo ve un robo que se nos ha ocurrido, si cree que el plan es bueno, si piensa que el riesgo de ser detenidos es alto, si estima que lo robado tiene fácil salida…

Sin embargo, robo advisor tiene un significado totalmente distinto. Robo, en este caso, hace referencia a robot, pero alguien debió decidir que esa “t” antes de advisor era incómoda de pronunciar. Por tanto, despejemos prejuicios e intentemos entender de qué estamos hablando. Tal vez si en lugar de importar el término anglosajón los hubiéramos bautizado como asesores financieros automatizados todo sería más sencillo de comprender.

La crisis financiera derivó en otra crisis de confianza en la banca. Mucha gente pensó que los bancos tuvieron más presentes sus propios objetivos y necesidades que los de sus clientes a la hora de recomendarles inversiones. Mientras la banca tradicional intenta recuperarse de esta crisis de confianza, la evolución tecnológica ha permitido la aparición de las fintech. Estas compañías han creado modelos disruptivos en el sector de los servicios financieros y una nueva forma de relación con los clientes. Son estas empresas las que crearon los robo advisors en los EE.UU. Muchos inversores cuyo patrimonio era insuficiente para disponer de un asesoramiento personalizado en sus inversiones vieron en esta herramienta una oportunidad para canalizar su inversión. Así que a estos ahorradores los buenos de los robots les prestaban más atención que las desalmadas personas que les miraban por encima del hombro.

A este asesor financiero sin cara ni ojos se accede por internet y la gestión y la toma de decisiones están automatizadas. Lo primero que debes hacer si quieres suscribir un robo advisor es responder a una serie de preguntas online. El objetivo es determinar tu tolerancia al riesgo y la capacidad objetiva que tienes para asumirlo en función de tu situación financiera. La combinación de ambas variables dan como resultado un perfil inversor y una propuesta de cartera para tu inversión. La gestión se realiza mediante algoritmos y la intervención humana es mínima.

Una de las ventajas que ofrecen es que en una noche de insomnio puedes contratarlos desde la cama y con tu teléfono móvil. Como con los fondos de inversión tecnológicos. A cualquier hora y desde cualquier dispositivo, no solo puedes realizarla contratación, sino también el seguimiento de tus inversiones. Que los mercados cambian, pues los algoritmos rebalancean la situación. Que el que cambias eres tú porque acabas de cumplir sesenta y quieres creer que tienes veinte, pues se lo cuentas y los listos de los algoritmos se ajustan a tu nueva etapa vital.

Además, como son robots y no tienen sindicato, consigues que trabajen las 24 horas para ti cobrando mucho menos en comisiones de lo que cobrarían los asesores tradicionales. Claro que suponer que con un cuestionario va a poder definirse el perfil de cliente es mucho suponer. Yo he hecho una prueba y, por ejemplo, no me pregunta de qué equipo de fútbol soy ni si soy más del Cholo Simeone o de Pep Guardiola. Esas cosas nos definen mucho más que responder si la palabra riesgo la asociamos a emoción, pérdida u oportunidad (que eso me han preguntado).

Por otra parte, no tener a quién quejarse es algo que no sé si en España nos acabará de convencer. Uno de nuestros deportes nacionales consiste en cómo liar a los servicios automatizados de las empresas de telefonía o eléctricas para conseguir que nos hable una persona en el menor tiempo posible. Que se preparen los robo advisors, que no saben bien cómo somos nosotros.