¿El mercado de qué? Sí, no hablamos de la bonoLoto, sino del mercado al que acuden grandes empresas y Estados para poder financiarse. También se conoce como mercado de deuda o renta fija. Los bonos son un instrumento financiero en forma de títulos de deuda. A grandes rasgos, se asemejan a un préstamo. Tienen un tipo de interés y un plazo de vencimiento —se pueden invertir en bonos a 50 años—. Normalmente, la cantidad mínima de capital que se necesita para comprar un bono es de unos 100.000 €. Son la llave que utiliza un país para poder financiar así la deuda pública. Este concepto te suena más, ¿verdad? 

En palabras de Niall Ferguson, «tras la creación del crédito por parte de los bancos, el nacimiento del bono fue la segunda gran revolución en la historia del dinero».

Durante el Renacimiento italiano, las guerras entre las ciudades-estado del centro de Italia eran tremendamente costosas. Los gastos de las ciudades representaban el doble de los ingresos tributarios.

Sin embargo, en Florencia diseñaron un plan que cambiaría por completo la historia: las familias, en lugar de contribuir a las arcas públicas por medio de impuestos, comenzaron a prestar dinero a su propio gobierno. Así, Florencia convirtió a sus propios ciudadanos en sus principales inversores, los cuales se aseguraban de que el gobierno pagara los intereses correspondientes y devolviera el dinero de las inversiones. 

Un mercado invisible

Este mercado invisible, tan desconocido para muchos ciudadanos, nos afecta directamente en nuestro bolsillo. Como señala Ferguson, parte del dinero que ahorramos para nuestra vejez acaba siendo invertido en el mercado de bonos. Además, y dado que en teoría los gobiernos son los prestatarios más estables, el mercado de bonos establece los tipos de interés a largo plazo para la economía en su conjunto. 

Imaginemos que la solvencia de un país europeo comienza a peligrar. El enorme peso de la deuda pública que carga sobre su espalda hace temblar todo su cuerpo. El país podría acabar incumpliendo su pago o, a causa de la inseguridad, que se produzca una depreciación de su moneda. Los inversores, preocupados por su estabilidad, tratarían de vender todo lo que tienen. Por su parte, los compradores de bonos buscarán que el precio sea lo suficientemente bajo para que les compense el riesgo que están asumiendo. Por ello, cuando los precios de los bonos caen, los tipos de interés se disparan. Ya que el país está en riesgo de no cumplir con sus obligaciones.

¿Qué podemos aprender?

Lo que podemos aprender del mercado de bonos es que este juzga diariamente la credibilidad de las políticas fiscales y monetarias de un gobierno, es decir, la calidad de su gestión.

Si el precio de los bonos sube, el gobierno en cuestión está haciendo un buen trabajo, expresando al mercado confianza y solidez en la administración de su dinero. Por eso, la rentabilidad de los bonos influye generalmente en la rentabilidad de la Bolsa.

El mercado de los bonos es una prioridad de los Estados, ya que puede premiar o castigarlos muy duramente. Por ejemplo, si los intereses aumentan a causa de la incertidumbre, la deuda se incrementa a la par. De esta manera, el mercado de bonos se ve aún más golpeado: crece aún más la incertidumbre, los precios siguen bajando y, para rematar, los tipos de intereses se incrementan más para compensar el riesgo que entrañan. Este mercado puede llegar a entrar en un círculo vicioso que dificulte la recuperación de los Estados.

Nos afecta (y mucho)

La deuda pública española se situará este año en el 119,3%. Un estudio publicado por el Banco de España alerta de los riesgos a los que se enfrenta la economía española a causa de su enorme deuda. Concluye que un incremento del gasto público tiene un efecto muy perjudicial si aparece una crisis inesperada, ya que la capacidad de reacción del gobierno es menor. Imaginemos que, con la deuda que tenemos, aparecería otra crisis financiera el año que viene. Posiblemente nos iríamos a pique.

En segundo lugar, el Banco de España analiza la situación de los tipos bajos que disponemos en la actualidad. Según la entidad, aunque son un colchón que hace viable el gasto público, la capacidad de esta política puede ser limitada y algunos economistas se están cuestionando sus efectos.

Por otro lado, en un contexto interconectado, como es el caso de la Eurozona, el Banco de España cree que es muy probable que la incertidumbre se contagie a otras economías. Además, considera que la capacidad de los Estados para realizar políticas expansivas (más gasto y/o menos impuestos) en caso de una caída de la actividad económica es menor. Sencillamente porque si tenemos una deuda enorme que pagar no deberíamos estar para más gastos.

¿Mayor gasto?

Y, por último, explica que cuando se incurre en un mayor gasto, el Estado requiere más emisiones de bonos. Es decir, más préstamos que lo financien. En este mercado no sólo juegan un papel fundamental los Estados, también las empresas privadas, las cuales compiten para buscar inversores. Si el Estado demanda un excesivo número de bonos, las empresas encontrarán una oferta más pequeña, lo que puede provocar un efecto de expulsión en el mercado.

Si no vigilamos bien nuestra deuda, el mercado de bonos puede trastocarse, provocando un aumento de los tipos de interés que afecta a la bolsa, a las empresas, a los bancos y, por supuesto, a ti.