¿Quién no ha tenido una hucha en forma de cerdito en la que iba echando unos euros de vez en cuando? Ese sonido metálico, pesado y a la vez agradable de las monedas rayándose cuando la agitábamos. Algunos teníamos la hucha metálica y cilíndrica recubierta de un billete de 500 y 200 euros —ni con el mejor cuchillo se abría esa lata—, con la que nos sentíamos muy satisfechos cuando aumentaba de peso. 

El ahorro es una virtud, pero este no consiste únicamente en acumular monedas y guardarlo en una caja fuerte para que retenga polvo. El dinero parado no va a ningún lado: hay que ponerlo en circulación. Lo que ahora vale 100 euros en unos años puede valer mucho menos.

La inflación, la enemiga de los ahorros

Esto se debe principalmente a la inflación, es decir, al aumento generalizado y sostenido de los precios de bienes y servicios en un país durante un periodo de tiempo, generalmente un año. Cuando los precios se inflan, con cada unidad de moneda se adquieren menos bienes y servicios, es decir, el poder adquisitivo disminuye

Para medir la inflación debemos tener en cuenta el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que nos permite calcular la evolución de un conjunto de precios de los bienes y servicios que afectan a cada consumidor, analizando así el coste de la vida en un momento concreto. El Instituto Nacional de Estadística (INE) dispone de una herramienta que permite actualizar una determinada cantidad de dinero mediante la evolución del IPC. Según el INE, la tasa de variación entre 1965 y 2019, teniendo en cuenta el cambio de pesetas a euros, es de un 2.698,3%. Es decir, el valor de 100 euros en 1965 es de 2.798,30 euros en 2019. Pero no hace falta irse tan lejos para percibir el cambio. La tasa de variación desde la incorporación del euro en España en 2002 se sitúa en un 38,2%: los 100 euros de ahora valían 61,8 euros cuando dejamos de utilizar las pesetas

¿A qué se debe la inflación?

La inflación tiene varias causas. Podemos destacar tres: en primer lugar, puede darse porque la demanda de una serie de bienes excede la capacidad de producción o importación de los mismos causando un aumento de los precios; también aparece cuando el precio de las materias primas —petróleo, energía, minerales— aumenta y los productores, para no perder dinero, incrementen los precios; y, en tercer lugar, puede producirse cuando se prevé un fuerte incremento de los precios en el futuro y estos son ajustados inicialmente para que el aumento sea gradual. 

El Banco Central Europeo (BCE) aconseja mantener la inflación en un nivel inferior aunque próximo al 2% a medio plazo. De esta manera, tanto las empresas como las familias pueden reducir el valor de sus deudas, ya que si los precios de los bienes aumentan al mismo ritmo que los salarios y la deuda sigue siendo la misma que antes, el valor real de la deuda será menor. Además, el aumento de los precios favorece el consumo, ya que si la inflación es positiva, se espera que los bienes y servicios en el futuro sean más caros, y sea más conveniente consumir ahora.

Supongamos una inflación media del 2% anual. Si tenemos 10.000 euros ahorrados y no los movemos en 10 años, la inflación irá carcomiendo el poder adquisitivo de nuestros ahorros. Cada año valdrán un 2% menos, es decir, 200 € menos. En 10 años la capacidad de adquisición de nuestros ahorros habrá disminuido un 20%, es decir, 2.000 €. 

¿Cómo lo resolvemos? ¡Quiero mis euros!

La mejor manera de rentabilizar los ahorros es a través de la inversión, ya que nos permite mantener y aumentar el poder adquisitivo de los mismos. Si la rentabilidad es del 3% y tenemos una inflación del 2%, nuestros ahorros aumentarían su poder adquisitivo un 1%, batiendo así la temida inflación.

Los fondos Imantia Futuro e Imantia Futuro Healthy pueden ayudarnos a gestionar nuestros ahorros, invirtiendo en empresas innovadoras de múltiples sectores como el de la salud, la digitalización, el tratamiento de aguas o la biotecnología. Con la inversión nuestra hucha no se encoge y podremos aumentarla año tras año.