Al igual que Popeye comía espinacas para ganar fuerza extra, muchos sectores necesitan de ese “plus” para llegar más lejos. Los caminos de la salud y la Inteligencia Artificial cada vez son más paralelos y ambos desembocarán en un mismo destino.

La Inteligencia Artificial ofrece innumerables ventajas a las dos grandes partes del sector médico: por un lado, el personal sanitario puede acceder a información especializada sobre los casos que estén tratando o controlar remotamente la evolución de los pacientes; por otro, los pacientes consiguen un mejor acceso a la asistencia médica, además de mayor información sobre sus casos.

Aunque pueda parecer que la contribución de la IA al mundo de la salud es reciente, nos tenemos que remontar casi 50 años para ver su primera colaboración: Mycin, un sistema experto orientado a la detección de enfermedades infecciosas de la sangre, razonaba, se comunicaba en lenguaje natural con el usuario y recetaba medicaciones de forma personalizada a cada paciente. 

Desde entonces y, sobre todo, en los últimos años, los avances están siendo constantes. Ahora, la aplicación de la Inteligencia Artificial y el Machine Learning van desde la cirugía robótica a los análisis de laboratorio, pasando por los asistentes médicos online y virtuales. 

¿Qué papel tiene la IA para la salud?

Sin embargo, aunque tanto el aprendizaje automático como la IA tendrán un papel muy relevante en el cuidado de la salud, todavía es pronto y aún es necesario un tiempo de desarrollo. Tiempo para que el Big Data haga efecto. Tiempo para que los algoritmos recopilen datos de pacientes y sean capaces de elaborar diagnósticos. 

Tanto los investigadores como el personal médico son optimistas respecto a estas mejoras. En los últimos años se han elaborado diversos estudios, cuyos avances son tremendamente relevantes:

  • Predicción del alzhéimer seis años antes de su manifestación. Radiology
  • Una “huella digital” para prevenir infartos. Universidad de Oxford
  • Detección de cáncer de pulmón. Nature
  • Predicción de epidemias con tres meses de antelación. AIME
  • Predicción, a partir de una mamografía, de si una paciente desarrollará cáncer de mama en cinco años. MIT

Los ejemplos arriba listados son sólo una pequeña muestra de todo el potencial que tiene esta tecnología aplicada en el sector sanitario. Esos estudios, independientemente del grado de desarrollo que ya posean, son símbolo de esperanza para muchos pacientes y representan una motivación extra para los profesionales de la salud.