A pesar del escepticismo de Buffet, el valor del oro se ha vuelto a disparar. Incluso él mismo parece haber cambiado de opinión y ha invertido en oro. Su empresa Bershire Hathaway ha adquirido una participación de 565 millones de dólares en la segunda empresa minera de oro más grande del mundo, la Barrick Gold Corporation de Canadá. Ahora bien, hay que matizar: no es lo mismo poseer acciones de una empresa minera que invertir directamente en oro. Las acciones están vinculadas tanto a los precios del oro como al mercado de acciones y, por tanto, tienden a moverse con el mercado cuando este cae bruscamente. Esto priva a las acciones del oro de una característica clave del propio material: su valor refugio.

Un activo refugio es el que mantiene su valor en situaciones de incertidumbre o en ciclos de inestabilidad económica. Sirve como vía para que los inversores puedan proteger su capital. En este sentido, el precio de un activo refugio tiende a subir en periodos de mayor incertidumbre y a bajar cuando hay calma. De hecho, el oro ha mostrado en los últimos 50 años que se mueve justo al contrario que el mercado de valores. En las dos últimas décadas podemos destacar dos subidas considerables del oro. En septiembre de 2011, uno de los momentos de mayor tensión económica de la crisis financiera, el precio de la onza rozó la barrera de los 2.000 dólares. Esta cifra fue superada en agosto del año pasado con la crisis de la Covid-19.

¿De dónde viene el valor del oro?

Desde la Antigüedad se han utilizado muchos materiales para realizar intercambios económicos: el ganado, la sal, el cacao… Sin embargo, ninguno ha tenido tanto éxito como el oro. Una de las características más importantes de este material es su oferta: el oro es un recurso limitado. Actualmente se abren pocas minas nuevas y la cantidad de oro extraído nunca ha sido suficiente para devaluarlo. Hay que tener en cuenta que es un material que no se puede fabricar artificialmente, a diferencia del dinero, que puede variar su cantidad a causa de las políticas monetarias.

Por otro lado, es un material difícil de destruir, muy resistente a la corrosión y prácticamente todo el oro que se ha encontrado todavía existe. En relación a los mercados, es un activo muy líquido, que nos permite venderlo con relativa facilidad. Además, es muy demandado para usos industriales y ornamentales, ya que es muy maleable y fácil de fundir. Y no nos vamos a engañar, siempre nos ha gustado mucho su brillo.

Este material tan codiciado tuvo un impacto enorme en las economías del siglo XIX y parte del XX. Los países poseían reservas de oro para respaldar su moneda. Esto es lo que se conocía como patrón oro. La oferta de dinero —del papel moneda— se correspondía a la cantidad de reservas metálicas que guardaba un país. Por tanto, si se emitía un billete con un determinado valor es porque se tenía ese valor correspondiente en oro. El patrón oro ofreció una gran estabilidad en el tipo de cambio, una reducción de los costes de las transacciones y un control de las expectativas inflacionistas a largo plazo.

Este sistema, que se mantuvo de forma indirecta durante mediados del siglo XX, llegó a su fin el 15 de agosto de 1971, cuando el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, decidió desvincular el sistema monetario del oro. Se desligaba así de los famosos acuerdos de Bretton Woods. La moneda dejó entonces de estar respaldada por el material dorado y se convirtió en lo que hoy conocemos como moneda “fiat”, sustentada por la confianza que las personas depositan sobre ella.

¿Por qué el precio del oro ha vuelto a subir?

El oro ha sido noticia en el último año. Su precio en los mercados se ha vuelto a disparar. Esto ha ocurrido principalmente por el incremento de su demanda y la incertidumbre económica en la que nos encontramos. El artículo Rethinking safe haven assets realizado por J.P. Morgan Asset Management explica las causas de esta situación.

En primer lugar, aunque ninguna moneda está respaldada por el oro, los bancos centrales todavía mantienen reservas en lingotes, y siguen teniendo mucho peso en el mercado. Según The World Gold Council, el 17,2% del total está en manos de gobiernos y bancos centrales. Hay un factor decisivo en la actualidad que hay que tener muy en cuenta: la intención de algunos países de “desdolarizar” el mundo, de desligarse de la influencia hegemónica de la moneda estadounidense. El dólar es la moneda de referencia mundial. Muchos activos se negocian en dólares, como el petróleo, el gas, el cobre o el acero. China o Rusia están intentado compensar de alguna manera esta situación y sus bancos centrales compran oro para fortalecer sus divisas y sus balances. China, por ejemplo, ha aumentado sus reservas del 1% del total en 2014 al 2,5% en 2019.

En segundo lugar, la demanda de productos de lujo —joyas de oro— se ha incrementado fuertemente en las economías emergentes. China e India representan el 50% de la demanda actual por parte de los consumidores.

Otro factor destacable es el coste de oportunidad de invertir en oro. Este coste depende de los rendimientos de otras clases de activos como la renta fija. Desde 2008 arrastramos un periodo de gran expansión monetaria y reducción de los tipos de interés, llegando a una rentabilidad negativa de la deuda pública e incluso corporativa en los principales mercados desarrollados. A esto hay que sumarle la incertidumbre que ha provocado la crisis de la Covid-19, el Brexit, la guerra comercial entre China y Estados Unidos, el riesgo de politización de la política monetaria y las expectativas de inflación a medio y largo plazo. En un entorno politizado e incierto, el oro puede ser una alternativa favorable como activo refugio.

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