Desde hace unos años —primero por aquello de que había que recuperarse de la crisis; luego, porque la inflación estaba en niveles muy bajos; y después, por el riesgo de recesión— los tipos de interés se han mantenido en niveles mínimos, cuando no negativos. En ese entorno, que es el nuestro, buscar alguna forma de rentabilizar el dinero se convierte en una emergencia. La solución puede estar en los mercados emergentes.

Con esa sensación de emergencia, se busca con ahínco alguna opción para nuestras inversiones. Cuando en finanzas hablamos de mercados emergentes nos referimos a unos países muy heterogéneos con un importante crecimiento de su actividad económica. Se les empezó a denominar así en la década de los 80 y hacía referencia a países como China, India, Brasil o Argentina. A esa lista, en la actualidad, podemos sumar, entre otros, a Turquía, Rusia, México, Colombia, Sudáfrica, Chile, Indonesia

Son países que están creciendo de forma acelerada y que muy probablemente lo sigan haciendo en los próximos años. Su demografía es radicalmente distinta de la que se da en los países desarrollados. Algunos datos ilustran a la perfección esas diferencias: hay más menores de 15 años en China, India y Brasil que europeos de todas las edades. En los próximos diez años, por cada niño que alcance la edad adulta en los países desarrollados, seis lo harán en los emergentes.

Ese potencial demográfico en muchos casos se ve acompañado por importantes problemas de desigualdad entre unas clases bajas muy extendidas y una reducida clase media-alta. Por esa razón, la consolidación de una clase media que vea aumentados su nivel de renta y financiero es una de las claves para que en estos países mejoren los niveles de consumo e inversión.

Una adecuada combinación de la demografía con el impulso de las clases medias les ofrece la posibilidad de crecer notablemente en el largo plazo, lo cual los convierte en objetivos interesantes para la inversión extranjera, que, en muchos casos, es la fuente de financiación principal de estos países.

Todo lo anterior sirve para que parezca que sé algo de lo que hablo, lo cual es obviamente incierto. Así que quiero compartir una forma de ver este tema tal vez un poco heterodoxa pero que es la que a mí me sirve. Desde mi punto de vista, invertir en mercados emergentes es algo parecido a los fichajes a jóvenes promesas del fútbol. Son fichados por el potencial que parecen tener, pero cada uno de ellos es un mundo. Algunos destacan por ser un portento físico (como algunos emergentes que dependen en gran medida de las exportaciones de materias primas), pero si no evolucionan técnica y tácticamente, viven dependiendo de su condición atlética, por lo que nunca darán el salto a un nivel superior.

Otros que tienen las mejores condiciones para triunfar, sin embargo no tienen la fortaleza mental para mantenerse en la élite. Algo parecido a lo que le sucede a la economía argentina, que, cuando parece que emerge otra vez, logra volver hacia atrás. Los hay quienes creen que su talento es tan grande que no necesitan la disciplina del entrenamiento y acaban perdiendo el tren. Igual que los emergentes con bajas tasa de inversión industrial).

A otros les acaba arruinando la carrera ese grupo de gente que les rodea y que no les deja centrarse en su carrera. Como el caso de algunos regímenes políticos que acaban hundiendo el potencial de desarrollo que algunas economías, como la norcoreana, podrían llegar a tener. Los hay quienes mantienen una carrera brillante aunque no lleguen a la élite y, los menos, consiguen llegar a ser estrellas mundiales.

Algo parecido pasa con estos países que, bajo el paraguas general de mercados emergentes, esconden realidades bien diversas. Si bien se trata de mercados interesantes para invertir a largo plazo, hay determinados riesgos que hay que tener en cuenta: el político e institucional (inseguridad jurídica, por ejemplo), el riesgo asociado a las divisas, la posibilidad de altas tasas de inflación y la posibilidad de devaluaciones o la menor liquidez de esos mercados

Se trata, sin duda, de una opción de inversión interesante, pero en la que conviene moverse con un buen asesoramiento profesional. Todos pensamos que Gareth Bale estaba destinado a liderar un gran Real Madrid, pero pasados los años lo que sabemos de él es que tiene unas inmensas condiciones, que es incapaz de hablar español y que le gusta mucho el golf. Hay incluso quienes dicen que se ha devaluado y que tiene poca liquidez. Pues eso, asesórese bien.