Con luces largas

Esta Navidad han sido destronados por los patinetes como el regalo de moda. Aun así, los drones siguen siendo unos de los grandes protagonistas de las listas de peticiones a Papá Noel y los Reyes Magos. Mi hijo de trece años, desde luego, tenía en mente uno. “Muy barato y con cámara”, me dijo; aunque finalmente se decantó, como diría el alcalde de Vigo, Abel Caballero, por la opción “más top del planeta”. El patinete, claro. A mí también me pareció mejor, porque la tasa de supervivencia de aparatos voladores en mi casa es realmente baja. Se estrellan y averían sin remedio el primer día. Lo de la cámara tampoco me convencía, la verdad.

Me pregunto si el propietario del que provocó el caos en el aeropuerto de Gatwick grabó su fechoría. No le hubiera hecho falta. Las consecuencias las pudo ver cualquiera en los informativos de medio mundo. Ese dron fantasma puso en jaque a las autoridades británicas, obligó a cancelar 1.000 vuelos y dejó tirados a 140.000 viajeros a las puertas de las pasadas fiestas navideñas.

La policía lo consideró desde el primer momento un acto deliberado. Se denunciaron 50 avistamientos en 24 horas. Incluso se desplegó equipamiento militar para hacer frente a una situación sin precedentes. El segundo aeropuerto del Reino Unido estuvo casi paralizado durante tres días. Su director lo explicaba con estas palabras: “Es una actividad muy dirigida con el objetivo de cerrar el aeropuerto y causar el mayor número de interrupciones justo antes de Navidad”.

Días después se produjeron dos detenciones en Crawly, a 8 kilómetros del aeródromo londinense. Los sospechosos, una mujer y un hombre de 47 y 54 años, respectivamente. En el Reino Unido no se pueden volar drones a menos de un kilómetro del aeropuerto y a un máximo de 122 metros de altitud. Las penas para los infractores acarrean fuertes multas y hasta cinco años de cárcel. Pero el dron no se llegó a localizar y los dos detenidos quedaron en libertad sin cargos.

Y aquí empieza lo más rocambolesco. Las autoridades británicas ofrecen 55.000 euros de recompensa para encontrar al verdadero responsable, al propietario del dron escapista. Pero no queda ahí la cosa. El jefe de la policía de Sussex no descarta que alguno de los aviones no tripulados avistados en Gatwick pertenecieran a las fuerzas de seguridad británicas. “Pudo haber existido cierta confusión”, reconoce Giles York. Entonces, ¿no hubo dron malo? ¿Lo hubo y los drones buenos complicaron aún más la situación? Efectivamente, todo es muy confuso. Semanas después volvió a suceder en el aeropuerto de Heathrow.

Ataque deliberado o despropósito, lo evidente es que estos artilugios suponen una seria amenaza a la seguridad aérea. Se trata de una amenaza seria y, a pesar de que la tecnología antidrones existe, el problema aún no está resuelto en la práctica. Especialmente en infraestructuras estratégicas tan sensibles como los aeropuertos. En nuestro país incluso lo ha reconocido la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA).

Los omnipresentes drones son baratos y fáciles de pilotar. Los hay de reparto, antiincendios, para reparar tendidos eléctrico, con desfibriladores para asistencia sanitaria de urgencia… La lista es infinita, aunque los más populares serán sin duda los de la Dirección General de Tráfico. Tráfico estrenó cinco en mayo que empiezan a competir con los radares Pegasus en la busca y captura de infractores al volante. Su coste económico es mucho menor que el de los helicópteros, pero aún no son capaces de detectar desde el aire los jugosos excesos de velocidad. Ojo, que en Japón hasta los utilizan para evitar que los empleados hagan horas extra.

Y ante esta tecnoplaga a mí me viene a la mente una película: La invasión de los ultracuerpos (1978). Con ese Donald Shuterland intentando sobrevivir a unos seres extraterrestres que se colaban en los cuerpos humanos mientras dormían.

Como el zumbido del moscardón (provocado por la frecuencia de 200 aleteos por segundo), el de los drones ya ha sido reconocido por un sorprendente estudio de la NASA como el ruido más molesto de todos los vehículos. Supongo que de los que usamos en la Planeta Tierra.