¿Estás dispuesto a despedir a tu asesor financiero y sustituirlo por inteligencia artificial? Bien, quizás sea un poco pronto para eso, pero es una idea que podemos empezar a considerar. 

En definitiva, las decisiones de inversión se basan en el manejo de los datos. ¿Por qué no beneficiarnos de la capacidad de la inteligencia artificial de sacar provecho de un enorme caudal de datos? Datos, además, que a nosotros nos aburren profundamente, pero que son el alimento diario de las máquinas animadas por la inteligencia artificial. 

Como inversor, sólo puedes fijarte en una parte de la información que se genera en el mercado. Pero aunque inviertas en un sector específico, en el mercado todo está interrelacionado. De modo que toda la información cuenta. Pero ¿es tanta información? Son los precios de las acciones de todas las empresas cotizadas, los precios relevantes para cada uno de los sectores, la evolución de los datos macroeconómicos como la producción y el empleo, las cotizaciones de divisas, las cotizaciones de los títulos de renta fija, más los beneficios presentes y esperados de las empresas… y todo ello al minuto y sin descanso. La información tiene un volumen enorme, cambia cada minuto y es imprevisible.

La inteligencia artificial (IA) es el nuevo internet. Así como conectar por cable ordenadores ha revolucionado el modo de producción, la construcción de algoritmos capaces de procesar grandes cantidades de información (big data) es la tecnología que poco a poco lo está cambiando todo. La IA no ha cumplido las esperanzas y los temores de la ciencia ficción, pero cumple muchas tareas prácticas que nos liberan de una parte del trabajo y nos facilitan la vida. 

Gracias a la IA, los ordenadores son capaces de leer cantidades ingentes de artículos médicos, interpretarlos y adquirir un ojo clínico mejor que el del mejor médico. ¿Nos podrán ayudar a tomar decisiones de inversión?

La respuesta es un rotundo sí . Hay cosas sencillas para una aplicación de IA. Puede recoger los datos financieros históricos, identificar tendencias y ciclos que se repiten, y renovar toda esa información al minuto, mientras se nutre de la información financiera del momento. Y todo ello sin descanso. No hay mente humana capaz de hacer algo parecido.

Hay algo para lo que la IA no está tan preparada, pero ya empieza a estarlo, que es conocer las necesidades reales del cliente. Pero incluso en eso la IA está demostrando una gran capacidad de acercarse a nuestra inteligencia. Piénsalo: tú aprendes de tu experiencia, pero las aplicaciones de IA tienen la capacidad de aprender de infinidad de experiencias de personas en tus mismas circunstancias. Últimamente, incluso son capaces de interpretar los estados de ánimo de sus interlocutores. También pueden tener en cuenta la regulación y cualquier cambio en los impuestos. 

Una aplicación de Inteligencia Artificial no tiene días buenos y días malos. Puede reaccionar de forma inmediata a los cambios del mercado, no importa a qué hora se produzcan. Por otro lado, las máquinas no condicionan sus recomendaciones en función de la comisión que cobran… a no ser que estén diseñadas para hacerlo. Al fin y al cabo, están diseñadas por humanos. Pero por lo menos, la Inteligencia Artificial tiene la capacidad de evitar ese conflicto de intereses y ofrecerle a los clientes una seguridad añadida. 

Pero no se trata de enviar a los analistas financieros al paro, ni mucho menos. El objetivo no es ese, sino que la IA se convierta en una herramienta más para adoptar las decisiones adecuadas de inversión y para evitar posibles errores. Se trata de afinar en el binomio rentabilidad-riesgo, todo ello adaptado a las necesidades reales de los inversores, grandes y pequeños. 

Es más, las aplicaciones de inversión basadas en IA se han creado por el genio de la lámpara, que somos nosotros mismos. Son los expertos en inversión los que introducen los criterios con los que tienen que reaccionar las máquinas, ahora más inteligentes. Así es como trabajamos en Imantia, tenemos un equipo de profesionales experimentados y con mucha experiencia, pero también la tecnología más avanzada que trabajan con el big data y la IA.

Si eres un manitas, puedes presumir de ser capaz de arreglar el motor de tu coche o de devolverle la vida a tu viejo ordenador, pero reconoce que no sabrías crear una máquina con inteligencia artificial que pueda recoger toda la información financiera e interpretarla. No pasa nada; cada vez son más las empresas que crean herramientas animadas por la inteligencia artificial que ayudan a los analistas, y también te pueden ayudar a ti.