Si te estás planteando invertir con poco dinero, pero tienes ciertas dudas, seguro que una de ellas es si tienes lo suficiente para empezar. O si es mejor esperar a ahorrar una buena cantidad de dinero para dar el primer paso. Para determinadas formas de inversión, esto es necesario. Pero no para todas.

Para los fondos de inversión no hay una aportación mínima legal; depende de la política que siga cada uno. Hay fondos que te permiten invertir con poco dinero. De hecho una de las cosas más baratas que puedes hacer es convertirte en un inversor.

Te costará menos que comer en un restaurante de comida rápida, e incluso puede costarte lo mismo que coger un taxi o un autobús urbano. Hay fondos de inversión que exigen cantidades mínimas, 1.000 euros, por ejemplo, pero hay otros que no son tan exigentes. Confían en que seguirás haciendo aportaciones. También porque operan de forma suficientemente eficiente como para que puedan tenerte de cliente con el dinero que llevas en el bolsillo.

Y tiene una lógica aplastante. Hay varias cualidades que hay que tener para ser un buen inversor, y una de ellas es la constancia. La de invertir es una carrera larga. No vas a encontrarte resultados fabulosos en un breve período de tiempo. Según vayas ahorrando, puedes retirar ese dinero que no vas a necesitar de forma inmediata para destinarlo a un fondo de inversión.

Poco a poco, creas un capital que, a medida que genera intereses, va creciendo con el tiempo. Por eso algunos fondos te abren sus puertas con aportaciones muy pequeñas. No quieren retrasar tu carrera de inversor, y así puedes ir adquiriendo experiencia desde el comienzo. De hecho, hay productos, como el fondo de inversión tecnológico Imantia Futuro o Imantia Futuro Healthy, a los que puedes acceder por 500 euros.

El tiempo es el principal aliado de un inversor. Si haces una aportación y genera un interés al cabo de un año, al año siguiente el interés recaerá sobre una cantidad mayor. Es decir, lo que aportaste, más el interés del primer año. En eso consiste el interés compuesto, y permite que una persona que persevere en el ahorro y la inversión genere un patrimonio mucho mayor.

Si inviertes 200 euros al mes durante 35 años, y a un tipo de interés del 5%, (la media de la Bolsa española en el último siglo), habrás aportado 84.000 euros. Eso sí, acabarás con un capital de 240.846 euros. Los otros 156.846 euros provienen de la acumulación de intereses.

Cantidad inicial de inversión

La cantidad inicial no tiene por qué ser alta, y el tiempo está generalmente de nuestro lado. Así que lo lógico es perderle el miedo a invertir y empezar con el dinero que no necesitemos. Así vamos avanzando en nuestro perfil de inversor según vayamos ganando en experiencia y confianza. Si entras en un fondo y haces aportaciones periódicas, creas un hábito, aprendes por el camino, y aumentan tus opciones de aumentar la rentabilidad.

No ocurre lo mismo con la compra de una casa, por ejemplo. Solo para empezar tienes que poner el 20% del valor de la tasación, según exige la ley. A eso hay que sumarle los gastos e impuestos, que será otro 10% aproximadamente. Y no acaba aquí: tienes que hacer frente a la hipoteca mes a mes, sin poder saltarte uno. Mientras que en un fondo puedes dejar de aportar tus ahorros cuando quieras. O recuperarlos.

Puedes entrar en un fondo de inversión con muy poco dinero. No hace falta ser millonario.
FOTO / BENCH ACCOUNTING

Los fondos no solo son una alternativa de inversión a la vivienda en la que podemos hacer inversiones pequeñas, sino que tienen otras ventajas. Moverte de un fondo a otro no tiene penalizaciones fiscales, y de hecho están exentos de tributación hasta que haces el reembolso de las participaciones.