Frente a las grandes ciudades con problemas de vivienda y transporte, en España se contraponen los pequeños municipios rurales de menos de 5.000 habitantes que luchan por no desaparecer, son la llamada España vacía.

En nuestro país hay 7.000 municipios rurales, en muchos de ellos peligra la economía del pueblo, su cultura e incluso su propia existencia. Pero ante la adversidad, los habitantes de la España vacía han buscado el modo de salir adelante y han emprendido.

Ser emprendedor en una zona rural tiene muchas ventajas: una mayor calidad de vida, reducir costes, la satisfacción de crear actividad –incluso empleo- en tu propio lugar de nacimiento o en un lugar lejano a la ciudad,  obtener ayudas destinadas a la repoblación, crear comunidad… pero también tiene desventajas y entre ellas una de las que más problemas genera es el pobre –o nulo- acceso a internet.

Si veraneas o vives en un pueblo, y no necesariamente remoto, ya que también ocurre en urbanizaciones a las afueras de algunas ciudades, lo habrás sufrido en primera persona. Algo tan cotidiano como enviar un mail, visitar una página web, leer la prensa digital o subir una foto a una red social se vuelve una tarea más propia de Tom Cruise en Misión Imposible que de un ciudadano español en pleno siglo XXI.

Pero es más, muchas veces tampoco hay cobertura para poder llamar. La situación es tan extrema que, incluso, en casos de emergencia hay zonas desde las que no se puede avisar al 112, y eso que es una línea habilitada para funcionar con la red de cualquier operador sin importar si es o no el que tenemos contratado.

Un reto para todos

En España hay alrededor de cinco millones de personas sin acceso a internet de calidad. Son las llamadas zonas blancas y se extienden por gran parte de Galicia, ambas Castillas y Andalucía. Pero es que, además, que una población tenga acceso a internet no es sinónimo de que éste sea de calidad. Desde una conexión por cobre que muchas veces solo garantiza una velocidad de 1 mega a conexiones inalámbricas, 4G que mejoran la velocidad pero a cambio limitan la descarga y aumentan el precio.

A mediados del pasado año, el 20% de la población española todavía no disponía de cobertura de internet con velocidad superior a 100 Mbps. El 48% de las localidades de menos de 5.000 habitantes tenían banda ancha de 30 Mbps, según los últimos datos proporcionados por la Secretaría de Estado de Avance Digital. 

De acuerdo con la Agenda Digital Europea, todos los ciudadanos deberían poder tener acceso a Internet de un mínimo de 30 megabits por segundo (Mbps) para 2020. Con este objetivo, la Unión Europea ha establecido fondos de hasta 400 euros por usuario para cubrir la instalación de Internet vía satélite en España. 

Esta apuesta no solo daría vida a los negocios que ya existen, sino que posibilitaría a muchos autónomos que trabajan en entornos urbanos poder abandonar la ciudad y marcharse a una población donde aprovechar las ventajas de emprender en un entorno rural. El tiempo dirá si la conectividad es suficiente para repoblar la España vacía, pero si no se consigue atraer a nueva población, por lo menos servirá para reducir la brecha tecnológica entre lo urbano y lo rural y fomentar la igualdad de oportunidades.