Con luces largas

Al ser miope uno se acostumbra a ir siempre por la vida con las luces largas. La vista corta obliga a ese esfuerzo perenne por ver mejor, por llegar más lejos. En un test de agudeza visual no sé si los altos directivos de las grandes compañías multinacionales pasarían, como se exige a los pilotos, con una capacidad de visión demostrada. Quizá para ellos debería ser también obligatorio. Porque cuando se equivocan de camino, las consecuencias también son nefastas para muchos. Como pasa con la guerra comercial.

En la picota ha estado Meng Wanzhou. Directiva y heredera de la china Huawei. Las turbulencias financieras llegaron con su detención. Un mayúsculo sobresalto global que volvió a poner en el foco de los inversores la temida guerra comercial entre Estados Unidos y China. Otra vez.

La acusación, haberse saltado el bloqueo de Washington a Irán. Las sospechas van mucho más allá. Tanto que en una llamativa declaración, el vicepresidente de la Comisión Europea para el Mercado Único Digital, Andrus Ansip, advertía de que China podría estar recabando datos de los usuarios europeos a través de una “puerta de atrás” en los terminales que vende la compañía. Huawei ocupa la tercera posición en ventas de smartphones en el mundo desde hace años.

¿Es la nueva guerra fría tecnológica? Los gobiernos occidentales desde luego recelan y Huawei lo niega. Niega estar colaborando con ningún gobierno y asegura que tampoco toleraría que lo hiciera ninguno de sus empleados. Ni directivos, supongo. Ese jueves negro, el Ibex perdió casi un 3 por ciento, registrando la mayor caída desde el Brexit.

Unas semanas antes, el detenido fue Carlos Ghosn, presidente de la alianza Nissan-Renault. Todo un referente para el sector del automóvil. Fue arrestado en Japón, acusado de fraude fiscal y uso indebido de fondos corporativos. El apodado “Asesino de costes”, reconocido por sus planes de recorte de empleo y gasto y su capacidad para reflotar marcas, parece que no aplicaba siempre sus propias recetas. Con 44 millones de dólares de ingresos presuntamente ocultos en cinco años, desde luego la regla de austeridad no regía para sí mismo.

Carlos Ghosn ha sido imputado formalmente por las autoridades niponas. Los accionistas de las marcas implicadas en la alianza empresarial liderada por Ghosn, grandes y pequeños, también sufrieron cuantiosas pérdidas en bolsa. La denuncia partió de una investigación desde dentro de la compañía, pero ¿hizo falta un lustro para detectar tal desvío de fondos?

El caso Volkswagen queda más atrás, pero aún hoy sufrimos efectos colaterales y casos que siguen abiertos en los tribunales. Varios directivos de la compañía pasaron por el ojo del huracán y por la cárcel cuando se desveló la trama de los motores trucados. Fue el mayor escándalo en las ocho décadas de historia de la empresa. Cayó su Presidente, Martin Winterkorn, imagen del éxito e icono del made in Germany. En su haber hasta entonces, la gestión de una compañía que acumulaba beneficios y que llevó a ser la número uno de ventas del mundo. Por supuesto, se fue asegurando que no sabía nada de la sistemática manipulación de sus motores para esquivar las normativas medioambientales. Este caso sumió a la industria del automóvil en una profunda crisis. Otro compañero de la guerra comercial.

La acción de estos directivos «turbulentos» impacta en inversores, empleados, clientes… En la sociedad, al fin y al cabo. ¿Y las empresas? ¿Son sencillamente despreocupadas miopes? ¿Tan hipermétropes que no ven lo que tienen tan cerca? ¿O es que les ciega la codicia? El consejo de administración tendría que mejorar su habitual supervisión en modo “vuelo de helicóptero” y aproximarse a tierra para evitar este tipo de casos.

Lo dicho. Gafas, lentillas o cirugía láser. Las soluciones oftalmológicas están al alcance de la mayoría. La prescripción facultativa debería ser en estos casos obligatoria.