Agárrense, que vienen curvas.

Más de uno hubiéramos agradecido escuchar esa frase el 31 de diciembre de 2019.

Porque de curvas hemos ido sobrados. Hace dos años que vivimos una serie de hechos históricos que no olvidaremos nunca.

Si 2020 y 2021 estuvieron marcados por una pandemia mundial, 2022 no quería ser menos. Este año la COVID-19 relajó su expansión gracias al efecto de las vacunas, pero apareció la inflación que ha frenado, considerablemente, el crecimiento económico a nivel mundial.

¿Qué es el crecimiento económico de un país?

Antes de continuar es importante tener claro que es el crecimiento económico.

Y esto no es más que el incremento de la renta nacional o el PIB por persona de un determinado país, región o grupo de países en un plazo de tiempo concreto. Lo más fácil sería medirlo de año en año para así poder comparar cómo ha ido creciendo.

Factores que están influyendo en la economía mundial

Lo que está claro es que 2022 no ha sido un buen año en términos de crecimiento. La espiral inflacionista en la que estamos sumergidos (la más alta en varios decenios) ha provocado que, la actividad económica viva una desaceleración generalizada y acentuada.

Y no solo eso. Esa inflación provoca, además, que reclamemos cada vez más subidas salariales que no nos hagan perder poder adquisitivo.

Para que te hagas una idea, en 2021 la tasa de inflación en Estados Unidos (primera economía mundial) cerró en un 4,7%, mientras que en octubre de este año ha subido al 7,7%.

Pero lo importante aquí es ir al quid de la cuestión. En otras palabras, llegar a algunos de los hechos que han generado que vivamos actualmente en esta situación:

  • Invasión de Rusia contra Ucrania
  • Crisis global de suministros
  • O la dependencia energética

Casi nada. Quién iba a decirnos que en pleno siglo XXI estallarían estos sucesos e incidirían tan negativamente en las perspectivas económicas.

Y para muestra un botón. Según algunos pronósticos, el crecimiento mundial podría desacelerarse en un 2,7% en 2023, uno de los más flojos desde 2001 (Fuente: Fondo Monetario Internacional)

Invasión de Rusia a Ucrania

A poco de empezar el año, el 24 de febrero comenzaba una guerra entre Rusia y Ucrania que acumula ya más de 200 días.

Ni más ni menos.

Ese mismo día, Putin lanzó el ataque al Donbás y a partir de ahí no ha cesado sus enfrentamientos en diferentes zonas ucranianas.

Como podrás leer más adelante, la Unión Europea está sufriendo (y mucho) los efectos colaterales de esta guerra.

Crisis global de suministros

Sin lugar a duda, los casi dos años de confinamiento marcaron un antes y un después en nuestra vida.

En 2022, la mayor parte de países han empezado a eliminar las restricciones y eso ha traído consigo una aceleración del consumo. Esto ha provocado un sobrecalentamiento de la economía y un efecto cadena como el que hemos vivido durante este año.

Para entenderlo mejor: pasamos de una demanda del 0 al 100 y muchos sectores no han podido hacerle frente.

Al fin y al cabo, esta crisis de suministro afecta en gran medida al coste de las materias primas que ha aumentado de forma considerable. Pero ahí no frena esa “cascada”, también provoca dificultades logísticas que han limitado, en algunas ocasiones, la cantidad de productos en el mercado.

Dependencia energética

Desde hace meses Europa sufre una grave crisis de gas y electricidad. En el momento en que Rusia declaró la guerra a Ucrania, la UE decidió sancionar a esa primera potencia y las represalias de Rusia, como principal proveedor de gas europeo, no fueron otras que cortar el suministro.

Y aquí reside el problema. El invierno duro (el de gorro, guantes y 20 capas como si de una cebolla te tratases) está a la vuelta de la esquina y el trabajo de los gobiernos reside en evitar escasez y apagones.

Y es que, podría existir la posibilidad que Rusia recortara mucho más el suministro de energía.

Sí, como lo lees. Lo “bueno” es que las temperaturas por el momento no son tan bajas y los almacenes de gas que existen en la Unión Europea están casi llenos por una demanda menor.

¿Qué han hecho los países de la UE ante esta situación? Han acordado, principalmente, reducir la demanda de gas en un 15% y marcar objetivos de ahorro de electricidad en las horas punta. Además, de cara al futuro, quieren controlar los precios más altos para evitar situaciones precarias.

Ahora solo queda esperar que el año termine de la mejor manera posible y que el 2023 tenga muchas menos curvas.

¿Será así? El tiempo lo dirá.

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