El dicho «Da igual ocho que ochenta» no puede tener más razón. Da igual que tengas veinte años que sesenta, la jubilación es algo que nos va a llegar a todos. ¿Y qué pasará cuando toque a tu puerta? Uno de los objetivos más importantes de la inversión es crear un capital que te sostenga cuando llegue. En la actualidad, la tasa de sustitución (es decir, lo que reciben los jubilados de hoy en comparación con su último sueldo) es del 83%, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Pero los sistemas públicos de pensiones tienen verdaderos problemas de sostenibilidad a largo plazo. Y la propia OCDE calcula que en España esa tasa de sustitución podría caer a poco más de la mitad, el 46%.

Si no estás dispuesto a que tus futuros ingresos dependan de una pensión tan corta, tienes que ahorrar desde ya. Pero, ¿cómo? Hay varios instrumentos que te servirán para obtener ese respaldo.

Primero están los productos que están específicamente diseñados para darte un respaldo tras la jubilación. El primero de ellos, claro está, son los planes de pensiones. Las aportaciones no pueden superar los 8.000 euros anuales, y reducen la base imponible en la menor de estas cantidades: 8.000 euros o el 30% de la suma de los rendimientos netos del trabajo y de las actividades económicas que se han obtenido en el año. El hándicap de estas ventajas fiscales es que las cantidades que recuperes de tu inversión tributan el IRPF como si fueran ingresos de ese año.

Son muy ilíquidos. Sólo se pueden rescatar sin una penalización en caso de jubilación, fallecimiento, incapacidad o dependencia, desempleo de larga duración o enfermedad grave. Pero a partir de 2025 se podrán rescatar las aportaciones que tengan al menos diez años de antigüedad. Además, han tenido hasta el momento unas rentabilidades bajas.

Pero no son la única opción. También están los Planes de Previsión Asegurada. Tienen muchas semejanzas con los planes de pensiones: los mismos límites a las aportaciones anuales, y una fiscalidad parecida, pues las primas desgravan en la liquidación del IRPF y las prestaciones tributan como rendimientos del trabajo. Y se pueden rescatar en las mismas contingencias. Lo característico es que, a diferencia de los planes de pensiones, tienen una rentabilidad mínima asegurada.

Pero puedes ahorrar para tu jubilación con otros instrumentos que no están específicamente diseñados para eso y que a lo mejor encajan más con tu perfil. Te voy a descubrir los planes individuales de ahorro sistemático (PIAS). Aunque suene marciano, son una combinación entre seguro de vida y plan de ahorro, en el que el tomador, que también es el beneficiario, paga una prima periódica para constituir una renta vitalicia. No depende de la jubilación y se puede recuperar en cualquier momento. A diferencia de los planes de pensiones, las aportaciones no reducen la base imponible, pero también a diferencia de ellos, no tributan cuando se constituye la renta vitalicia.

Los planes de ahorro a largo plazo tampoco están vinculados a la jubilación ni al resto de contingencias, como la incapacidad o fallecimiento. Aportan cierta seguridad, ya que el capital está asegurado en al menos un 85%. Lo atractivo es que en el momento del cobro, los rendimientos están exentos de IRPF siempre que hayan pasado cinco años desde la primera aportación. Pueden constituirse como seguro o como depósito.

Los fondos de inversión son el instrumento de ahorro por excelencia, y siempre son una opción para tener una jubilación tranquila. Si la jubilación se ve aún lejana, lo más conveniente es aceptar un mayor riesgo a cambio de una mayor rentabilidad en los primeros años, y pasar a un perfil más conservador cuando se acerca el momento de beneficiarnos de nuestras inversiones. Recuerda que puedes traspasar tu capital de uno a otro sin coste ni castigo fiscal.

Por último, si el patrimonio que tienes es una vivienda y la vendes para afrontar tus últimos años, tienes que pagar el impuesto de plusvalías. Pero hay una alternativa: reinvertir el dinero obtenido por la venta en una renta vitalicia, de tal modo que ya no tendrás que tributar por ese concepto. Lo malo de una renta vitalicia es que no está cubierta por el fondo de garantía de depósitos.

abuelo disfruta con nieto por su productos financieros alternativo
Foto: Vidar Nordli-Mathisen/Unsplash

Como ves, llegar a la edad de jubilación y darte cuenta de que tu ingreso mensual es casi inexistente es una idea que puede quedarse solo en eso, en idea. Tú decides qué opción te encaja para convertirte en un abuelo de esos que no mira la cartera cuando desliza dinero a sus nietos a escondidas. Tú y yo sabemos que esos son los mejores.