Puedes tenerle miedo a las enfermedades, a las ratas, a viajar en avión, a las cucarachas, a la alopecia, a la soledad, al holocausto zombi, al calentamiento global e incluso a que el Madrid vuelva a ganar otra Copa de Europa y tu compañero de curro pesado te atormente con ello. Pero no puedes tenerle miedo a ahorrar. Puede que te dé pereza o que creas que no es para ti, pero estás equivocado. Excusas para no ahorrar hay miles.

No te preocupes. Es normal y nos pasa a todos. Aquí te resumo algunos de los miedos más comunes por los que no ahorran ni millennials ni babyboomers. No estás solo.

Te queda demasiado mes al final de sueldo

Rozar a duras penas el mileurismo no es lo que habías esperado para tu primer trabajo recién salido de la universidad, aunque viendo cómo les va a algunos de tus compañeros de facultad, piensas que no estás tan mal. Parece que los alquileres nunca dejarán de subir y ya te planteas que tu próxima vivienda será un estupendo ático-zulo sin ventanas, con un camping-gas para cocinar y un colchón abatible. 800 euros al mes. Chollazo.

Te encantaría ahorrar una parte de tu sueldo precario, pero supones que llegarán tiempos mejores. Seguro que sí. Mientras, aprovecha para descansar en los días en que a tu nuevo compañero de piso checo no le da por ponerse a escuchar death metal de madrugada.

No pienses en el ahorro como tu enemigo que te desafía, sino como tu aliado para salir de esa trinchera.

Te perdiste el final de la fábula de la cigarra y la hormiga

La excusa para no ahorrar por antonomasia: «¿Vivir para trabajar? No, amigo: yo trabajo para VIVIR». Vale, no te lo había preguntado, pero gracias por decirlo en mayúsculas. En efecto, estás moderadamente contento en lo personal y en lo económico con tu nuevo trabajo, aunque siempre se puede mejorar. Llevas un par de años viviendo solo y ganando un sueldo que tu madre ha descrito como «bien».

¿Pero ahorrar? Ahorrar es de padres. Ahorrar es de gente que tiene un monovolumen, trabaja de 9 a 18 en su oficina y hace la compra en Carrefour los viernes por la tarde.

La vida no es eso. La vida es irte con tus viejos amigos de la uni a hacer un mes de Interrail (aunque hace más de un lustro que se os pasara la edad de los descuentos) por Europa del Este. ¿Por qué vas a arriesgar esa experiencia solo por poner dinero en un fondo de inversión si ni siquiera sabes qué son? ¿Por qué vas a dejar de VIVIR?

Te informo que lo que tienes no son ganas de vivir, sino miedo/pánico/terror a ser adulto. Cuidado si no quieres convertirte en un cuarentón Peter Pan y sin ahorros.

Hacerse mayor es demasiado caro para ahorrar

La transición a la vida familiar te ha pillado con el pie cambiado. Ya has aceptado que tienes una edad (y a veces incluso te sientes en paz con ella) y que no hay vuelta atrás: la boda ya ha pasado y un niño viene en camino. Una vez aparezca, nada (N-A-D-A) volverá a ser como antes.

Así que todo lo que ves ahora cuando miras hacia el futuro es un reguero de posibles gastos. ¡¿Cómo pueden ser tan caros los pañales?! ¿Y si hay que mudarse a un piso que tenga tres habitaciones en vez de dos? Ahorrar es un lujo que ahora mismo no te puedes permitir. Harv Eker, autor de «Los secretos de la mente millonaria«, te diría que eso no es más que otra excusa para no ahorrar. Para solucionarlo, te recomendaría ahorrar aunque fuera un euro al mes. No te vas a hacer millonario, cierto, pero pero sí creará en ti un hábito indispensable para llegar a serlo. Como dice el autor: «El hábito de administrar tu dinero es más importante que la cantidad».

Por mi niña, lo que sea

No puedes ocultar que te excita y te inquieta a partes iguales que queden pocos años para tu jubilación. ¿Cuál será tu pensión? A veces piensas que mejor no calcularlo. Vale, hay que dormir bien por las noches, pero te recomiendo que calcules cuánto debes ahorrar para tu jubilación con la regla del 4. Te quitará la venda de los ojos.

Para ponerle remedio a la situación, te han hablado de unos planes de pensiones que tienen buena pinta, pero tu hija, a punto de hacer la selectividad, quiere hacer una carrera que no se imparte en tu ciudad. Los esfuerzos por venderle las bondades de las titulaciones que sí puede estudiar en casa han fracasado.

Lo cierto es que la niña ha sido siempre una muy buena estudiante y bien se merece un esfuerzo adicional de sus padres. ¿El plan de pensiones? Suena bien, pero te da miedo intentar ahorrar ahora que llega un gasto extra (y con lo caros que están los pisos de estudiantes en Salamanca). Te informo de que quizá puedas plantearte otro tipo de ahorro ante el pánico a no tener dinero en tu cuenta; por ejemplo, ahorrar invirtiendo en fondos de inversión. Así ese dinero no desaparece de tu vista hasta dentro de quince años, sino que lo puedes recuperar cuando quieras.