El archiconocido cineasta Woody Allen hace una alegoría de la suerte en una de sus películas, Match Point, utilizando la metáfora del tenis. El mundo de la inversión no se libra de cierta exposición al factor suerte, pero muchos errores comunes pueden –y deberían- evitarse. Según un estudio de la compañía estadounidense de análisis de mercado Dalbar, los fallos que más adelante se describen pueden suponer una merma de entre el 1% el 3% de rentabilidad anual en una cartera. El diario económico Cinco Días se hizo eco de este estudio en un artículo en el que citaba los principales errores en las que suelen incurrir los inversores.

Fallos comunes de los inversores

  • No definir los objetivos de inversión. Para que la ruta sea correcta, no sólo hay que analizar el punto de partida, sino elegir con claridad el destino. Lo mismo ocurre con la inversión. Sin tener claros los objetivos no pueden tomarse las decisiones adecuadas. Como explica el artículo de Cinco Días, no se invierte en los mismos activos si lo que se busca es un colchón de seguridad (Fondos monetarios o garantizados) que si el fin es ahorrar para la universidad de los hijos, en cuyo caso puede asumirse un mayor riesgo. Dentro de una cartera bien construida hay cabida para diferentes estrategias a la vez. Eso sí, para poder definir cada una de ellas es imprescindible tener claros los objetivos de cada decisión de inversión, así como modificar la composición de la cartera siempre que estos objetivos varíen o las condiciones del mercado lo exijan.
  •  ¿Cuándo necesitaré mi dinero? El periodo recomendado de permanencia en la inversión es otro de los factores esenciales que deben estudiarse antes de tomar decisiones de inversión. Este factor, muy relacionado con el anterior, determinará también el tipo de activo más apropiado para cada estrategia: para periodos de inversión muy reducidos convendría invertir en Fondos monetarios, en los que no se incurre en riesgo de pérdidas. A medio plazo (más de dos años) puede asumirse un mayor riesgo y dedicar una pequeña parte de la inversión a la renta variable. Por encima de cinco años sería recomendable conceder un mayor peso a la bolsa.
  • La barrera del riesgo. Los activos financieros fluctúan, sobre todo en el caso de la renta variable. Para evitar llevarse sorpresas desagradables, antes de tomar posiciones es importante conocer qué grado de riesgo se está dispuesto a soportar. ¿Asumiría con comodidad registrar pérdidas de hasta el 10% durante periodos superiores a un año? ¿Sólo en una pequeña parte de su cartera? La respuesta a estas preguntas determinará, junto con los dos factores mencionados anteriormente, los activos en los que invertir y su peso sobre el conjunto de sus inversiones.
  • Invertir únicamente con objetivos de rendimiento. En el sector hay una frase que todo partícipe debería hacer suya: “rentabilidades pasadas no aseguran rendimientos  futuros”. Siguiendo esta máxima, será mucho más recomendable fijarse en aquellos fondos y activos que han logrado mantener un buen comportamiento a lo largo de un amplio periodo de tiempo, de al menos cinco años, que apostar por un Fondo estrella que haya logrado un resultado excelente en un año pero haya sido mediocre en épocas anteriores.
  • Llegar tarde y salir pronto. En las grandes tragedias los protagonistas se mueven por impulsos. Sin embargo, una buena inversión debe dejarlos de lado ya que, de lo contrario, se pueden perder buenas oportunidades. Comprar un activo que ya ha subido fuertemente reduce las posibilidades de éxito de una inversión. Conviene buscar oportunidades más atractivas. En cuanto a la venta, cuando se arrastra una pérdida importante, muchos inversores tienden a sentirse nerviosos y a abandonan la inversión, aunque el escenario futuro parezca aconsejar lo contrario. Los mercados, especialmente los bursátiles, suelen compensar con creces estas bajadas; sólo es cuestión de esperar. Al deshacer la inversión también aquí conviene acudir a la sabiduría popular: “El último duro que lo gane otro”.
  • Colección de cromos repetidos. Para diversificar los riesgos no basta con hacerse con varios Fondos de la misma forma que un niño comenzaría su colección de cromos. Es necesario estudiar cada activo y su peso y función dentro de la cartera para obtener una buena diversificación que ayude a obtener los máximos rendimientos en cualquier escenario de mercado.
  • Querer asegurar el 100% de la inversión. No asumir volatilidad no significa que no se esté asumiendo un riesgo, ya que se puede perder dinero en términos de poder adquisitivo.
  • Adivina, adivinanza… Ni siquiera los expertos logran en ocasiones acertar con sus predicciones sobre la evolución de los mercados para los próximos meses. Los particulares no deben jugar al vaticinio a través de las líneas que dibujan los índices.
  • No reequilibrar la balanza. Al igual que no basta con hacerse un chequeo una vez en la vida, el diseño de una estrategia de inversión debe ser un ejercicio periódico y dinámico para no encontrarte con errores indeseados. La propia evolución de los mercados modifica la estructura de las carteras y hace necesario un ajuste al menos anual por la diferente marcha de cada activo. Además, la tolerancia al riesgo de un partícipe varía a lo largo de los años. Como explica el artículo de Cinco Días, el reajuste puede suponer vender un Fondo que se ha revalorizado un 30% para comprar otro con una ganancia del 10%.
  • Más allá de los garantizados. Estos productos permiten, en la mayoría de las ocasiones, recuperar el 100% de la inversión con una pequeña rentabilidad adicional. Gracias a la seguridad que ofrecen se han convertido en los productos estrella de las últimas temporadas. Sin embargo, es precisamente la apuesta por estos productos lo que ha dificultado a los ahorradores engancharse al gran momento de las bolsas, que han ganado un 95% desde marzo de 2003.
  • Cita con Hacienda. No hay que olvidar que al rescatar las inversiones hay que tributar por las plusvalías generadas. Una buena inversión pasa por una previa planificación financiero-fiscal para evitar sorpresas desagradables y llevar a cabo una gestión global del patrimonio.

Para poder llevar a la práctica estos consejos y evitar incurrir en los errores mencionados, el partícipe no está sólo y hay muchos profesionales que pueden ayudar. Además, en las inversiones debería ser un hábito común revisar el resultado y reajustar la cartera una vez al año para evitar que al repasar las facturas y resguardos pensemos: “¿Podría haberse evitado?”