No te voy a engañar: ser mileurista no mola. Si lo eres, lo siento y, de verdad, espero que dejes de serlo pronto. Llegarán tiempos mejores. No te voy a vender que el mileurismo es la nueva moda más cool entre los millennials, ni que ganar 1.000 euros es en realidad una bendición porque la satisfacción personal es más importante que el dinero.

Puede ser, pero la satisfacción personal por tu trabajo no paga las facturas, ni tu vivienda, ni la podrás cambiar por una pensión cuando te jubiles. El dinero, por desgracia, sigue siendo muy importante. Así que por esto mismo es por lo que sería genial que consiguieses exprimir tu sueldo y ahorrar, aunque te muevas en la dolorosa zona en torno a los mil euros al mes.

Te lo digo de verdad, aunque tus ahorros sean muy pequeños, es posible sacarles jugo.

Primer paso: ahorra

Lo primero es conseguir ahorrar. Aunque es difícil, no es imposible. Una de las reglas de ahorro más famosas es el 50/30/20: 50% de tu sueldo a los gastos básicos, 30% a los de ocio y 20% a ahorrar. Si cobraras mil euros, esto nos dejaría en 500 euros para vivienda, facturas y demás, 300 para tu ocio y 200 para ahorrar al mes. Pero si lo tienes que repartir en 650, 300 y 50, adelante; menos es nada.

No es fácil conseguir ahorrar con un sueldo bajo, pero hay maneras. Planifica y analiza tus gastos, observa qué es prescindible y si te puedes ahorrar la suscripción a Netflix después de haber visto dos capítulos de una serie en todo el último mes. Si crees que puedes vivir sin ello, granito a granito se hace granero. Cuando gastes, echa un buen vistazo al mercado y elige la mejor opción. Quizá te ayude destinar el dinero que quieres ahorrar a una cuenta distinta a la habitual desde el principio de mes. Si no, echa un ojo a estas 5 ideas para ahorrar dinero en un mes.

Segundo paso: fija tus objetivos

Si has hecho tus cuentas y crees que puedes ahorrar, bienvenido al mundo del pequeño inversor. Lo primero que debes hacer para sacarle rendimiento a tus pequeños pero no por ello menos importantes ahorros es definir tus objetivos. ¿Para qué quieres ahorrar? ¿Jubilarte? ¿Pagar la educación de tus futuros hijos? ¿Comprarte un coche? ¿Hacer el recorrido íntegro del Tren Transiberiano? ¿Montar una web de venta online de menhires?

Mientras te motive, lo tengas claro y creas que te merece la pena, el objetivo es válido (aunque si quieres crear la web de compraventa de menhires, mejor consúltalo con otra persona antes).

Cada objetivo implica unos plazos y unas cantidades de retorno esperadas, con lo que eso definirá tus características como inversor y los productos a los que deberías mirar.

Tercer paso: planifica tu inversión

Una vez definido el objetivo, puedes empezar a planificar tu inversión.

¿Qué importe estás dispuesto a ahorrar cada mes y cuánto esperas obtener para cumplir con tu objetivo? ¿Cuándo esperas recoger ese beneficio? ¿Y cuánto beneficio quieres sacar? Estas preguntas van ligadas también a otro concepto con el que te debes familiarizar: el riesgo.

Toda inversión conlleva un riesgo. Pero piénsalo de otra manera: si guardases todo tu dinero en una caja fuerte, también correrías el peligro de que se depreciara y perdiera gran parte de su valor. O que hubiera un incendio y esa etiqueta de “Resistente a fuego” se derritiera junto a todo tu capital. O que un tío consiga abrirla y robarte, sin más.

Hay productos financieros que traen consigo un riesgo muy pequeño, casi despreciable, y otros tienen más riesgo (y mayor beneficio asociado a ellos). ¿Cuánto estás dispuesto a arriesgar tu inversión? Esa es una respuesta que solo tú puedes responder. Si no lo tienes claro, es importante que conozcas tu perfil inversor.

Antes de contestar, ten en cuenta varias cosas. Hagas lo que hagas, siempre es recomendable que diversifiques tu inversión (ya te lo decía tu abuela: “No pongas todos los huevos en la misma cesta. Y plánchate un poco mejor esos pantalones antes de salir a la calle, por Dios”). Por muy poco contrario al riesgo que seas, no inviertas todo tu dinero al mismo producto de alto riesgo. Y tampoco te fíes de fondos milagrosos que prometen una altísima rentabilidad, pero de los que sabes muy poco.

Lo mejor es que inviertas solo en aquellos productos que conoces, entiendes y con los que te sientes cómodo. Y, además de ir aprendiendo poco a poco, déjate asesorar por los que saben. Así, despacito y con buena letra, experimentarás la satisfacción de ver cómo tus pequeños ahorros se convierten en una montaña desde la que poder ver el atardecer.

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