Wetaca apuesta por mantener esa tradición del buen comer todos los días. Con productos frescos, sin aditivos ni conservantes, cocinan platos desde cero a un precio de bolsillo.

La empresa dio sus primeros pasos de la mano de dos gallegos, Efrén Álvarez y Andrés Casal, quienes forjaron una amistad durante la etapa universitaria. Les apasionaba la gastronomía y siempre que los ahorros lo permitían se escapaban para probar los sabores que ofrecía la gastronomía madrileña. Efrén, que posteriormente trabajó como auditor de PwC, trabajó en el ABaC con el chef Jordi Cruz tras su paso por la primera edición de MasterChef. Allí observó cómo la alta cocina elaboraba muchas salsas y complementos que se envasaban al vacío y se servían a lo largo de la semana. ¿Por qué no utilizar el mismo método de envasado para planificar las comidas de la semana? Efrén y Andrés cogieron sus ahorros, pidieron un pequeño préstamo familiar y despegaron.

Actualmente Wetaca va como una locomotora a todo vapor. Durante el confinamiento se dispararon los pedidos casi un 50% y completaron una ronda de inversión que se inició en 2019 de 1,1 millones de euros con el apoyo de tres fondos: Bewater Funds, Cabiedes y Turtle. En 2015, año en el que arrancó la empresa, facturaron 70.000 euros y en sólo cuatro cerraron 2019 con 3,6 millones de euros. En 2020 la pandemia no pudo con ellos, duplicaron su facturación, y este año calculan llegar a casi 13 millones de euros. Hablamos con Andrés Casal sobre la evolución de la empresa y la búsqueda de nuevos horizontes.

En total habéis realizado tres rondas de financiación por un total de más de dos millones de euros. Si Wetaca sigue creciendo, ¿pensáis buscar más inversores?

—Buscar más dinero en el futuro depende de varios factores. Ahora mismo somos rentables y tenemos capacidad para afrontar el crecimiento que nos hemos propuesto. Queremos crecer al mismo ritmo que el año pasado y con recursos propios. Por eso actualmente no nos planteamos esa posibilidad, pero si tuviéramos una oportunidad de crecer más y viéramos claro que la inversión nos ayuda a conseguir un objetivo más ambicioso, buscaremos dinero.

Objetivo: Expansión

En 2020, a pesar de la crisis, os propusisteis ofrecer vuestro servicio en nueve ciudades más. Entre ellas, destaca Bilbao, Vigo, Valladolid o Gijón. ¿Se ha llegado a este objetivo? ¿Cuáles os habéis propuesto para 2021?

—Sí, el año pasado lo conseguimos. Hemos abierto en muchas ciudades y queremos seguir expandiendo el negocio. Repartimos en toda España y conforme crecemos en una ciudad desarrollamos nuestra logística propia. Hemos sido capaces de bajar mucho el coste y el precio de envío. Nosotros cocinamos sobre pedido semanal y agrupamos los platos en una sola entrega, lo que nos permite anticipar mejor las rutas de los pedidos y bajar sus costes. Y en relación a este año, queremos duplicar la facturación del año pasado con casi 13 millones de euros y continuaremos abriendo nuevas ciudades con reparto propio tal y como hemos hecho en 2020. La mejora del servicio, de la atención al cliente y la homogeneización del producto es una constante para seguir captando y fidelizando clientes.

Durante el confinamiento se dispararon los pedidos casi un 50%. ¿Cómo habéis vivido esta situación en la que vosotros crecéis y muchas empresas tienen que parar su actividad o cerrar?

—Tanto la crisis sanitaria como la económica ha sido muy dura. Esta ha sido una crisis muy dispar en la que ha habido empresas que han tenido el viento a favor —y más a favor que nunca— y otras en las que ha pasado todo lo contrario. En primer lugar, protegimos a nuestro equipo, y después nos sentimos con la responsabilidad de ayudar a nuestros clientes, en un momento en el que nuestro servicio pasó a ser más importante que nunca, y a personas que lo estaban pasando mal, realizando donaciones y repartiendo comidas.

En 2017 se sextuplican los pedidos respecto al año anterior, pasando de 5.100 a 30.300. ¿Cuáles son las claves para seguir expandiendo la empresa cuando se producen cambios tan bruscos como este y evitar riesgos y problemas por precipitación?

—Siempre es el mismo conflicto. Tienes el reto de generar la demanda, que no sabes si vas a ser capaz de generarla, y una vez que la has conseguido tienes el reto de satisfacerla y de cumplir con la oferta. Es muy difícil equilibrarlo bien, y de hecho en 2017 nos costó mucho. Hubo varias semanas en las que tuvimos que reducir los pedidos, vendiendo un 30 o un 40% menos. Estábamos dejando a clientes fuera y eso era lo último que queríamos hacer.

Al final es una etapa de aprendizaje. Antes éramos mucho más reactivos y ahora planeamos muchos más escenarios en caso de tener un número determinado de pedidos. Al principio todo es muy incierto, no tienes métricas de nada, pero luego las desarrollas y comienzas a realizar estimaciones para calcular cuántos recursos necesitas y cómo debes planificarte.

¿Qué cenas hoy?

Si con Glovo, Deliveroo y Ubereats, la pregunta es «¿Qué ceno hoy?», con vosotros se plantea de forma muy diferente: «¿Qué voy a comer durante toda la semana?» Además, Wetaca cuenta con su propia logística y produce sus propios platos. ¿Cómo observáis a vuestros competidores?

—Cuando tú haces un pedido en alguna de estas plataformas, normalmente buscas algo rápido en lo que no tengas que pensar mucho. Este servicio es consecuencia del mundo en el que vivimos, en el que hemos dejado de tomar decisiones planificadas sobre nuestra alimentación. Nosotros al final vamos por el lado contrario. Nuestros hábitos de alimentación son un reto en nuestra vida. Si no quieres cocinar, pero sí comer bien, ahí estamos nosotros. Los supermercados también son competidores; se han subido a la ola de los pedidos a domicilio. Sin embargo, lo que nosotros pensamos es que no hay fuera de nuestro modelo de negocio una solución que te permita comer bien todos los días sin cocinar y sin dedicarle mucho dinero. Más que en nuestros competidores, nosotros nos fijamos especialmente en los problemas de nuestros clientes y en la forma de satisfacerlos mejor.

Tuvisteis un momento crítico en julio de 2015. O conseguíais crecer en los próximos meses o lo dejabais. Llevabais varios meses sin cobrar y trabajabais 70 y 80 horas semanales. ¿Crees que los jóvenes han idealizado la figura del emprendedor?

—Sí, y no sólo los jóvenes. Es un camino difícil, y se vende mucho la idea de «trabaja duro y conseguirás lo que quieres». Y no siempre es así. Muchas veces trabajas duro y no consigues lo que quieres. En este sentido, nunca se ven las partes malas. Esto está muy relacionado con que se visibiliza a las personas que han tenido éxito, pero no a las que han fracasado. Muchas personas aspiran a ser emprendedores de éxito, pero luego no están dispuestas a recorrer el camino que han elegido.

Le habéis dado muchas vueltas a las alternativas de los envases de plástico. Estáis apostando por los biodegradables, pero hasta ahora no habéis encontrado una solución eficiente que cumpla con todas las necesidades de la empresa. ¿Seguís investigando?

—Este es un tema fundamental. Nosotros aspiramos a no dejar el planeta peor de lo que estaba. Y hacia ahí damos nuestros pasos. Estamos buscando alternativas biodegradables, pero no hemos encontrado ninguno donde la comida se conserve adecuadamente. Hemos querido ser neutrales, y por eso recogemos de nuestros océanos todo el plástico que generamos, más de dos toneladas de plástico cada mes. Además, hemos cambiado el color de nuestro envase para que sea más fácil de reciclar, ya que muchas plantas de reciclado no detectaban bien el color negro. Si además nuestros clientes se comprometen a reciclarlo, conseguiremos un efecto positivo en relación a la cantidad de plásticos que hay en el planeta.

También te puede interesar:

Los nuevos molinos que están revolucionando el sector: molinos de viento sin palas

La agencia de viajes del país sin turistas: cómo el emprendimiento puede desafiar a la realidad