Estudió Arquitectura y durante su etapa universitaria viajó varios veranos a Perú, Camboya o Etiopía, sumergiéndose en la pobreza extrema y realizando labores sociales como la construcción de colegios.

En 2015 se sentó con Pablo Urbano (COO) y Luis de Sande (CFO), y con un simple Power Point crearon Auara.

Su nombre procede del amhárico, idioma etíope, y significa “tormenta de arena”, un fenómeno muy habitual del desierto de Afar, uno de los lugares más cálidos y secos del planeta.

Auara es la primera empresa social española con la certificación Social Enterprise Mark. Destina el 100% de sus dividendos a invertirlos en aquellos lugares donde carecen de agua potable. En 2020, consiguieron hacer llegar 38,5 millones de litros de agua a comunidades en situación de pobreza distribuidas en 17 países, un volumen que triplicaron respecto a 2019.

Ha sido la primera empresa de bebidas en Europa en fabricar la totalidad de sus botellas con plástico rPET 100% reciclado; llevan ya tres millones de botellas reutilizadas.

2020 fue un año muy duro para la empresa.

Su facturación se redujo casi un 50% respecto al año anterior, por debajo de los 800.000 euros, y sus ventas cayeron un 90%.

Su propósito en 2021 es recuperar los niveles previos a la pandemia alcanzando el millón y medio de euros facturados.

Solidaridad en el ADN de Auara

Auara sobrevivió a la crisis de la Covid-19. Lo que llama la atención es que en esa situación con las ventas desplomándose, la empresa donara más de un millón de litros de agua embotellada a personal sanitario y pacientes de coronavirus gracias a una campaña de crowdfunding de 230.000 euros. Tu socio y amigo, Pablo Urbano, dijo: «Vamos a dar hasta lo que no tenemos». ¿Cómo compatibilizasteis ambas situaciones?

—No lo pensamos mucho. Sentimos la necesidad de responder al problema de la pandemia. Las ayudas que recibimos a través del crowdfunding nos ayudaron a cubrir parte de los costes, pero nosotros perdimos unos 45.000 euros.

2020 lo salvamos porque miramos a largo plazo. Somos muy conservadores con la caja y siempre hemos tenido margen de maniobra. Todo el equipo ha hecho un esfuerzo muy grande y por fin salimos todos del ERTE este mes.

Las mujeres y las niñas de las comunidades donde colaboráis son las que se encargan normalmente de ir a buscar agua para abastecer a sus familias. Gracias a Auara, se han ahorrado en total 1,1 millón de horas que han podido dedicar a la escuela o a otras tareas productivas. ¿El agua cambia estructuras sociales?

—Es un factor clave y una gran oportunidad de desarrollo. Es cierto que hay que tener mucho cuidado cuando proponemos cambios sociales desde nuestra idiosincracia europea.

África es un lugar inmenso, con una gran variedad de países, paisajes y culturas. Nosotros intentamos respetar mucho la cultura de cada lugar, pero sin caer en una especie de fundamentalismo anticolonialista que cree que no deberíamos intervenir en nada y que cada pueblo tiene que arreglárselas por sí solo.

En ciertas cuestiones culturales, creo que no sólo tenemos la capacidad, sino también la obligación de ejercer influencia para que cambien ciertas prácticas ancestrales como la ablación genital.

Desde que eras un estudiante siempre has tenido una gran sensibilidad por el ámbito social. ¿Crees que el capitalismo está reñido con la solidaridad, que genera una mentalidad por la que puedo pensar que a mí no me han regalado nada y que por tanto no debo nada a nadie?

—Esa mentalidad no la genera el capitalismo, sino la estupidez humana. Es una pobreza mental pensar que no te han regalado nada. Un porcentaje muy alto de lo que eres y tienes lo has recibido.

Hay algo que me preocupa más que el capitalismo, y no sé si es desglosable, que es la adicción al consumo y al materialismo. Vivimos en un mundo en el que la dimensión espiritual del ser humano se niega y se ataca. Ser una persona espiritual está visto como algo anacrónico. Sin embargo, cuando rechazamos esta dimensión, tratamos de colmar nuestras aspiraciones más profundas con más y más consumo, y generamos una realidad muy perversa que potencia el egoísmo.

Búsqueda del cambio en todos los ámbitos de la vida

¿Es suficiente con comprar botellas de Auara para sentirse realizado ayudando a los países más pobres?

—Tampoco veo que sea algo necesario ayudar a los países más pobres. De poco sirve que nos preocupemos por las personas de Etiopía o Sierra Leona si no estamos atendiendo primero a la familia, a los amigos o a los compañeros de trabajo.

Hay personas a las que admiro profundamente que nunca han colaborado en un proyecto de cooperación al desarrollo lejos de su país. A veces estas personas son mucho más solidarias. Creo que el nivel de compromiso con la cooperación no define tu grado de solidaridad. Lo importante es ser coherente y no tener varias caras.

Los jóvenes buscan cada vez más un trabajo con propósito, un trabajo donde se sientan realizados. Creo que este factor no estaba tan presente en nuestros padres. ¿Qué piensas acerca de este cambio de paradigma?

—Es un cambio muy positivo, pero está generando una insatisfacción brutal. Me encuentro con mucha gente muy brillante, que destaca profesionalmente, pero que no le encuentra sentido a su trabajo. Están dispuestos a bajarse el sueldo si hace falta. Es un tema muy habitual y curiosamente ocurre con las personas más sobresalientes. El problema es que no hay oferta para este tipo de gente. Pocas empresas tienen una cultura donde se vive el propósito y no se reduzca una frase bonita sobre la misión, la visión y los valores en la web. El gran reto de las empresas es identificar su propósito y conseguir que sus empleados lo vivan.

Publicas reflexiones a menudo en LinkedIn. Hablas de todo: sobre el amor, el agradecimiento, los problemas económicos, las enfermedades mentales, la trata de personas… ¿Por qué escribes?, ¿te sientes con la responsabilidad de hacerlo?

—Hay una respuesta muy egoísta y es que estas publicaciones me ayudan mucho a pensar. Escribir te permite articular tus pensamientos, aclarar las ideas y llegar a buenas conclusiones. Además, generan conversación con los demás. Empecé de forma casual y algunas han tenido mucha difusión. Estoy encantado de que sirvan a la gente. Sin embargo, en el último mes sólo he publicado una vez. Me estaba yendo muy bien, recibía muchos likes y pensaba: “A ver qué publico la semana que viene. Tiene que ser un mensaje potente para que pueda mantener el nivel”. Me descubrí en ese pensamiento y no me gustó nada. No quiero caer en ese círculo vicioso de publicar para mantener el número de likes. Ahora sólo publicaré cuando crea que tengo algo que decir y que merezca la pena compartir, algo sincero que me salga de forma natural.

Aparte de escribir de todo, te mojas en todo. ¿Alguna vez has pensado si lo que vas a publicar puede tener repercusiones?

—Sí, claramente. Hay algún post que lo publico por la mañana y me voy a desayunar pensando en la que se puede liar en LinkedIn. Hay ciertos temas que son tabú y no podemos discutir. A mí eso me parece muy pobre. Cuando hay cuestiones que son indiscutibles, entramos en un terreno muy peligroso. Yo estoy dispuesto a cambiar de opinión, pero para poder hacerlo primero tiene que haber debate, racionalidad y profundidad.

Guia Imantia AUTD

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