3, 2, 1… julio. Parece que esperamos el verano con más emoción que el año nuevo. Sin embargo, a la hora de irnos de viaje no sólo nos llevamos el bañador, también cargamos con las preocupaciones del trabajo que a veces parece que hasta ponen la toalla en la playa.

Eres de sobra consciente de que esto no es nada sano. Debemos dejar las tareas del trabajo en los días laborables. Las vacaciones de verano son momentos de relajación en el que tus únicas preocupaciones deben ser crear momentos especiales para ti y los tuyos. Sólo así podrás volver al trabajo y a la vida cotidiana con fuerza, ánimo y nuevas ideas para terminar la segunda mitad del año. Y más después de este inicio del 2020.

Esto no es fácil, claro. Cuando a uno le toca hacer la maleta para irse a la playa aparcar las tareas y responsabilidades del trabajo parece una odisea. Pero sí puedes organizarte de manera que, mentalmente hayas cerrado un ciclo laboral, antes de irte de vacaciones:

Haz una lista de tareas donde se contemple su estado -si está a medias, en proceso…- y los detalles de su gestión y ejecución -qué equipo lo lleva, cuándo hay que entregarlo-. Intenta planear tus vacaciones de forma que puedas liberarte mentalmente de tareas al empezar los días libres: si dejas proyectos a medias y no has delegado bien tus tareas no descansarás.

¿Eres de los que apunta todo en un Excel?

En el sentido estructural de las vacaciones te recomendamos que te organices -sabemos que este año es más complicado que nunca-, pero que no te obsesiones. Seamos realistas, tener un Excel con el presupuesto de las vacaciones en el que tengas que señalar cada caña que te tomes no es ir de vacaciones. Haz un presupuesto estimado, no definitivo de tus gastos en esos días. Intentar planificar cada punto y coma hará que te agobies y no disfrutes.

Planearlo toooodo le quita emoción a las vacaciones, ¿no crees? Si estás con el Excel en la mano hasta comiéndote una paella te perderás miles de cosas divertidas e inspiradoras que pasen a tu alrededor. Sumérgete en el lugar que visites, olvídate del reloj por unos días y empápate de la cultura local.

Lo que sí te recomendamos hacer es planificar tu viaje antes de llegar, da igual que vayas al pueblo de al lado o cojas un vuelo de 12 horas -aunque este año estará más complicado-. Investiga las actividades más interesantes, los rincones culturales que no puedes dejar de ver y los platos típicos. Conocer qué vas a hacer te ayudará a hacerte una idea del presupuesto que necesitas para disfrutar -y poder olvidarte del Excel-. Si haces este ejercicio previo al viaje te evitarás caer en las típicas trampas para turistas, ¿un vaso de sangría por 16 euros? Mira, no.

Si lo que quieres es disfrutar, antes tendrás que planificar. Ya sabes que es importante que seamos consciente de nuestros objetivos: en este caso, disfrutar de las vacaciones al máximo y nada más.