Hoy es mejor que mañana, y mañana mejor que pasado. ¿Por qué? Por los efectos del interés compuesto. El interés es la ganancia producida por el capital, es la rentabilidad de las inversiones. Es lo que buscas cuando destinas tu ahorro a la inversión, y es lo que te compensa por la renuncia a utilizar ese dinero durante un tiempo. El interés es, además, lo que nos va a permitir que tus inversiones crezcan con el tiempo. De eso voy a hablar, de cómo la acumulación de intereses que se han generado en un plazo de tiempo se reinvierten y contribuyen al crecimiento de tu capital. Es decir, del interés compuesto.

¿Cuál es su poder? ¿Cuál es su capacidad de hacer que nuestro patrimonio se incremente? Te puedes hacer una idea mirando la fórmula con la que se calcula. No entres en pánico, luego te la explico en términos legibles. En el jeroglífico C(f) = C(i) (1+r)n, C(f) es el capital final, C(i) es el inicial, r es la rentabilidad o interés, y n es el número de años que mantienes esa inversión. Solo viendo la fórmula te das cuenta de que el capital final aumenta de forma exponencial con el número de años que mantienes esa inversión.

Para mostrar cómo funciona con un ejemplo numérico, imagina que inviertes 1.000 euros en un fondo que renta un 10 por ciento anual. Al final del primer año, tendrás 1.100 euros: el capital inicial más el 10% de interés. Reinviertes esos 1.100 euros el segundo período, y al final tendrás 1.210 euros, los 1.100 con los que empezaste más el 10% sobre ese capital. Ya ves que si el primer año ganas 100 euros, el segundo son ya 110. El tercer año inviertes los 1.210 euros y obtienes 1.331; el cuarto, 1.464; y así, sucesivamente. Al invertir los intereses generados en períodos anteriores, cada ejercicio inviertes cantidades mayores.

Para seguir con ese ejemplo, si inviertes 1.000 euros con un interés simple del 10% (que es como si no reinvirtieras lo que has ganado), cada año recibirás 100. Al cabo de 30 años habrás generado 3.000 euros que, sumados a los iniciales, serán 4.000. Si, por el contrario, cada año reinviertes los intereses generados, después de 30 años habrás acumulado 17.449 euros.

Por supuesto, no tienes por qué limitarte a invertir sólo una cantidad inicial, y como inversor contribuirás periódicamente con tus ahorros. Por ejemplo, si ahorras 2.000 euros al año durante 30 años, con una rentabilidad nominal del 5,3% (que es la rentabilidad real media de la Bolsa española desde 1900), al final del período habrás acumulado 156.763 euros. Si continúas con este plan durante diez años más, la cantidad final será de 289.604 euros. Y eso, aportando 167 euros al mes.

Las primeras cantidades tienen una gran influencia en el resultado final. Supón, por ejemplo, que la primera aportación es de 10.000 euros, y que luego cada año añades al fondo otros 2.000 euros. En ese caso, tras 30 años de inversión tendrás 194.428 euros, y tras 40 habrás acumulado 352.732.

Por descontado, el tipo de interés medio influye mucho. Si en lugar de un 5,3% obtuviese un 6% anual, con una primera aportación de 10.000 euros acumularás 225.038 euros en 30 años, y 430.953 en cuatro décadas.

¿Qué implicaciones tiene esto para un inversor? La primera es que nunca es demasiado pronto para empezar a ahorrar. En cuanto tienes tu primer sueldo, no es una mala idea retirar una parte que no vayas a necesitar para comenzar a generar ese patrimonio. La segunda es que la cantidad de las primeras inversiones es importante. Si empiezas a trabajar y no tienes ahorros previos, es más difícil hacer contribuciones mayores. Pero en la medida en que puedas hacerlo, te vendrá bien en el futuro. Y la tercera, que un inversor joven puede permitirse invertir con algo de riesgo y apostar por una mayor rentabilidad en los primeros años.

Por supuesto, hablo de un plan financiero a largo plazo, con objetivos de largo alcance. Un joven de 25 años que comience con este plan, tendrá 55 o 65 años cuando recupere el capital. Puede pensar en la jubilación, en una época en la que el futuro de las pensiones públicas está en entredicho. O, si invierte de forma consistente, puede plantearse combinar los ingresos del patrimonio con los del trabajo en los últimos años, o incluso dejar de trabajar si le ha ido especialmente bien. La magia no existe, pero entender bien el truco te puede resultar muy útil.