La preocupación por el medio ambiente es un sentimiento que cada vez más gente comparte. Y con la incertidumbre que ha generado la pandemia esa intranquilidad ha incrementado: cada vez nos preocupa más llevar una vida ecológica. En mayo, Deloitte llevó a cabo un estudio en el que se encuestaron a más de 27 mil personas de las generaciones millennial y Z en 43 países distintos. El cambio climático fue una de sus tres inquietudes más grandes, junto al desempleo y la salud pública.

Ahora más que nunca parece importante hacer todo lo que esté a nuestro alcance para vivir una vida más eco-friendly y ser conscientes de la importancia de cuidar el medio ambiente. Aunque hay muchas recomendaciones para ayudar a conseguirlo, hemos elegido cinco. Y lo que es más importante: las hemos probado. Durante dos semanas he llevado una rutina ecológica para analizar, en primera persona, las ventajas y desventajas de llevar una vida verde.

Estas son las medidas que lleve a cabo, ¿te atreves a hacerlo tú también?

1. Utilizar agua fría

Ducharte con agua tibia o fría puede no parecer un cambio importante, pero a largo plazo lo es. Y es que, el calentador de agua es lo que más consume energía dentro de una casa. En mi caso, estuve las dos semanas duchándome con agua fría. Y, la verdad, fue muy complicado. Para ir acostumbrándome hice el proceso poco a poco y fui bajando la temperatura del agua paulatinamente. Además, durante el challenge me di duchas rápidas para contribuir así a un mayor ahorro.

Por otro lado, lavar ropa y limpiar los platos con agua caliente es un gasto considerable. Calentar el agua consume aproximadamente un 80% de la energía que usan electrodomésticos como las lavadoras. Lavar con agua fría no supuso una diferencia notoria en cuanto a la ropa. Al fregar los platos sí se nota algo más el cambio. Ser ecológica me ayudó a ser más activa en este sentido.

2. Reducir el consumo de carne

La industria ganadera no solo consume cantidades enormes de agua, sino que también es uno de los principales emisores de gas efecto invernadero. En un informe realizado por Greenpeace en 2018 se estableció que la ganadería es responsable del 14,5 % de las emisiones globales. Por su parte, España es el segundo país europeo donde más carne se consume por habitante.  

Por ese motivo decidí reducir casi a cero la carne en mi alimentación. Pensaba que esto iba a ser muy difícil -soy bastante carnívora-, pero me sorprendió para bien. Busqué por internet recetas para sustituir la proteína animal por proteína vegetal. Acabé por consumir legumbres en lugar de carne la mayoría de los días e incluso me encontré con recetas muy apetecibles, como hamburguesa de lentejas.

3. Rehusar el aceite

¿Sabías que cada litro de aceite puede llegar a contaminar hasta 1000L de agua? Cuando encontré este dato me di cuenta de que en el reto tenía que aprender a consumir mejor el aceite. El primero de los tips que encontré fue el de rehusar el aceite al cocinar. Al principio no me agradaba porque pensaba que se mezclarían los sabores de la comida, pero realmente no se nota y mi consumo de aceite ha descendido drásticamente -y mi bolsillo lo agradece-. Además, empecé a llevar el aceite usado -con varias vidas- a un punto limpio. Esta rutina ecológica no es complicada.

4. No usar plásticos de un sólo uso

La problemática del plástico de un sólo uso es evidente: el plástico tarda hasta 400 años en biodegradarse y acaba dañando los ecosistemas naturales para siempre. Por ello, en este reto me lo puse como una condición primordial.

Quería reducir lo máximo posible el consumo de plásticos. Por ello, dejé de hacer la compra en supermercados y empecé a hacerla en fruterías, pescaderías y tiendas a granel. ¿El resultado? Seguiré yendo a esas tiendas. No me supone grandes cambios en mi rutina y el producto es muchísimo mejor. Además, comprando así apoyo a productores locales y me ayuda a ser más planificada con mi menú semanal.

5. Consumir comida ecológica

El concepto de alimento ecológico es muy conocido, pero pocos saben qué es lo que implica. Para empezar, los alimentos ecológicos no utilizan químicos ni fertilizantes, por lo que no contaminan el entorno. Al ser un proceso natural, ayuda también a la preservación de ciertas especias de animales. Pero más allá de eso, los alimentos ecológicos promueven un desarrollo sostenible en el que el medio ambiente es la prioridad. 

Este punto fue el más complejo del reto, ya que los alimentos etiquetados como ecológicos son bastante más caros y suelen estar empaquetados con plástico. Lo que hice fue intentar basar mi dieta tanto como fuera posible en productos que se encontraran en fruterías y tiendas a granel. De este modo me aseguraba, hablando con los comerciantes, de su procedencia y tratamiento.

No obstante, las cosas que no era posible encontrar en esas tiendas, como algunos tipos de quesos o conservas los compré en tiendas ecológicas. En total esas dos semanas gasté aproximadamente 100 euros, lo que supuso un ligero aumento en mis gastos semanales de comida. Sin embargo, es una inversión que vale la pena porque no solo ayuda al medio ambiente, sino que también apoya al comercio local y pagas por una experiencia más personalizada.

El resultado de estas dos semanas ha sido bastante positivo. He sido más consciente de lo que como y de dónde proviene, algo que nunca había pensado.

Creo que estos tips eco están a la altura de casi todos nosotros y que, como ya se sabe, la información es poder. Entendiendo las consecuencias de nuestras acciones diarias podemos ayudar a nuestro planeta. ¿Y tú? ¿Te unes a una vida más ecológica?