Una forma de aprender qué es lo que tienes que tener en cuenta como inversor es observar qué es lo que están haciendo las grandes empresas con sus inversiones. ¿Qué sectores les parecen interesantes? ¿Por dónde ven que puede ir su futuro? ¿Cómo interpretan las futuras necesidades de los consumidores?

En la actualidad hay varias tendencias que están marcando la estrategia inversora de las empresas. Por ejemplo: Tesla pone finalmente a la venta, después de más de dos años de anunciarlo, su modelo Tesla 3 por un precio inicial que es asumible para la clase media mundial. Tesla es la compañía insignia de la movilidad eléctrica. Es todavía una empresa pequeña en el sector automovilístico, pero es líder en su desarrollo tecnológico con más futuro.

Y su último modelo le sitúa, por precio, en el terreno de los grandes fabricantes. Estos no se quedan atrás, e invierten grandes cantidades de recursos en la movilidad eléctrica. De forma paralela, todo el sector está haciendo coches cada vez más autónomos, y ya casi se puede ver un futuro con muy pocos conductores por las ciudades.

El sector del móvil está ya maduro. Pero no el de todos los servicios adyacentes al aparato que nos acompaña casi todo el día. Así, hay incluso nuevas formas de atender al cliente, como el software como servicio (Saas), que tienen un gran crecimiento.

Lo mismo puede decirse de las fintech, empresas tecnológicas que se han introducido en un mercado tan tradicional como el bancario. La computación en la nube también tiene relación con el acceso a los servicios desde el móvil, y está experimentando un gran crecimiento.

La inteligencia artificial, una parte de la computación que tiene décadas de infructuosa historia, empieza a dar resultados notables. Es, además, una de esas tecnologías que filtra su capacidad de hacer los procesos más efectivos por el resto de sectores. Su juguete preferido es la gran cantidad de datos (big data) que generamos y recogemos, y aquí tiene un papel preponderante el Internet de las cosas (IoT), que dará un salto de la mano de la tecnología 5G.

Otro de los sectores de gran crecimiento es el de las energías alternativas. El desarrollo tecnológico y la inversión en infraestructuras han abaratado la energía extraída del viento o del sol. Y la preocupación global por el efecto invernadero generado por la actividad del hombre dan alas a su crecimiento. No es nada que tengas que esperar; está en pleno auge, y algunas empresas españolas son punteras en este sector.

Hay otras dos tecnologías que prometen mucho, y de hecho están siendo objeto de grandes inversiones. Pero cuyos resultados solo han llegado de forma parcial. Una de ellas es el grafeno y en general los materiales de un átomo de grosor, que están revolucionando el sector de los materiales. La otra es el blockchain, a la que el sector bancario le dedica cantidades crecientes de recursos.

Y todavía hay otros sectores que tienen el crecimiento prácticamente asegurado. Uno de ellos es el de la salud y el bienestar. Las sociedades desarrolladas han erradicado el hambre, y han logrado dejar atrás las enfermedades infecciosas como primera causa de muerte. La esperanza de vida sube, y la preocupación por la calidad de esa vida es cada vez mayor.

Couple running on the road in nature in winter.

Otro sector podríamos llamarlo el de las experiencias vitales. Los millennials, que empiezan a marcar las tendencias del mercado, quieren llenar sus vidas de experiencias interesantes, vinculadas al turismo, pero también a la gastronomía, la música… Todo lo que llene nuestras vidas de recuerdos vitales constituye un sector al alza.

Pero no todo son servicios. También queremos bienes, y queremos acceder a ellos de forma cómoda y sencilla. Internet nos facilita las transacciones, nos informa sobre los nuevos productos, nos sugiere otros… El comercio electrónico todavía no ha alcanzado el nivel de un sector maduro, y está en pleno crecimiento.

Y, por último, una economía en constante cambio ha acabado por dejar en nada el viejo modelo de «estudio durante unos años y trabajo el resto». Ahora, cuando los sectores económicos pierden sus perfiles, cuando desaparecen ciertos trabajos y, sobre todo, aparecen unos nuevos para los que no habríamos podido estudiar, la formación se ha convertido en una constante de la vida profesional.