Ver la Aurora Boreal, navegar —y comprarte— ese catamarán de tres quillas que viste en una película, o sencillamente jubilarte a los 55. Todos tenemos sueños y objetivos en la vida y para la inmensa mayoría siempre hace falta lo mismo: dinero.  

Si no eres heredero de Bill Gates ni te toca -ni compras- el Euromillón, el camino hacia todas esas maravillas empieza por un mismo paso: ahorrar.

Pero no todos lo hacemos de la misma forma -o directamente no lo hacemos-.

Me juego una caña a que te verás identificado con uno de los siguientes perfiles ahorradores.

El ahorrador por accidente

El perfil ahorrador más común.

Llega fin de mes y te das cuenta de que, por alguna misteriosa razón, no te has gastado toda tu nómina y decides ahorrar lo que ha sobrado. ¡Bien hecho!

Eso sí, admítelo, en realidad no tienes ningún plan. Simplemente tienes una suma de dinero y has decidido no tocarla porque no se te ha ocurrido en qué gastarla.

El problema es que no sabes si el próximo mes tendrás tanta suerte.

Para no dejar las cosas al azar, ¿qué te parecería trazar un plan de ahorro?

Ese sueño estará más cerca.

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El ahorrador de boquilla

Ahorrar, ahorras. Lo malo es que todo ese ahorro se va a la primera de cambio. Admitámoslo: eres la encarnación de un «culoquiero».

Es imposible que ese ahorro se convierta en riqueza porque siempre habrá un nuevo móvil, reloj, tratamiento o zapato que se pase por delante de tu buena voluntad ahorradora y te haga caer en la tentación.

Eres así y es complicado cambiarlo, pero si en lugar de comprar el último iPad optases por invertir ese dinero, otro gallo cantaría.

¿Sabías que puedes invertir de forma automatizada todos los meses? Así, si no ves ese dinero en la cuenta, no lo gastarás.

¡De esta ahorras seguro!

El «porsiacasos»

Qué manera tan sutil de llamar a los tacaños. Si al leer esto último has dado un respingo, eres miembro del club de los agarrados.

Siempre habrá un buen motivo para no gastar y guardar en la saca todo el dinero que caiga en tus manos. ¿Vida social? ¿Qué es eso? Te defiendes diciendo que siempre hay que tener un buen colchón por lo que pueda pasar. ¿Y si arde tu casa?

Y, oye, ahorrar está genial. Las dificultades pueden llegar si asocias el concepto «invertir» con «gastar» porque estarías perdiendo la oportunidad de rellenar varios colchones.

El «Hannibal Smith»

De la misma forma que el aguerrido líder del Equipo A, a este perfil ahorrador «le encanta que los planes salgan bien». Si te reconoces, precisamente esa es tu estrategia infalible para el éxito: tienes un plan y la mirada fija en tu objetivo.

No hay cochazo, gadget, restaurante de moda o viaje espontáneo que se interponga en tu camino. Tampoco eres de la cofradía del puño cerrado y si tienes que guardar las sobras, lo haces con gusto ya que te acercan un paso más hacia tu sueño. Incluso es probable que hayas explorado métodos de inversión para sacar el máximo partido a esos ahorros. Sé como Hannibal, ten un plan y triunfarás.

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