¿Te sabes la teoría?

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Mirar al pasado te puede ayudar a no meter la pata en el futuro. Aprende a invertir de los mejores. La clave está en el largo plazo.

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Transcripción

Hecha la planificación, determinados los objetivos y establecida la base del ahorro, el siguiente paso en la inversión es aprender del pasado. A ver, alumnos. ¿Quién tiene ganas de una clase de historia?

Bueno, Kanye, tampoco seas tan borde que te cambio por Darth Vader, eh. Bueno, lo que tú digas, pero que gracias a esto vamos a sacar algunos consejos fantásticos para el resto del curso.

A modo breve, la historia de la inversión nos lleva tan atrás como a la Mesopotamia de hace miles de años, donde se podría decir que nacieron los primeros bancos. Pero lo que realmente nos interesa ahora tiene más que ver con lo que empezó a suceder con las revoluciones industriales, siendo la primera de ellas la que empezó a eso de mediados del siglo XVIII. Ahí es cuando un grupo más amplio de la ciudadanía empezó a contar con más dinero del que podían gastar y muchos se empezaron de verdad a plantear la idea de ahorrar e invertir. A lo largo del XIX, aparecen nuevas entidades bancarias; algunas de las cuales todavía existen en la actualidad. Y empieza a tener un papel relevante la inversión internacional, sobre todo a raíz de la guerra de la Independencia estadounidense.

¿Qué, te estás enterando o no?

Uno de los problemas de esa etapa primigenia de la inversión y el mercado es que había pocas formas de medir el desempeño de un mercado concreto. Y ahí es cuando sale a calentar un amigo del que hay que aprenderse bien el nombre: Charles H. Dow. ¿Qué pasa, Charlie?

Dow fue el inventor de los índices bursátiles que hoy en día rigen la actualidad financiera en todo el globo; gracias a lo que acabaría conociéndose como su Dow Jones Industrial Average, que hacía una media del rendimiento de hasta doce compañías líder en las industrias cruciales del momento: líneas de ferrocarril, mineros, plantas de acero y que hoy recoge las 30 mayores empresas cotizadas de Estados Unidos.

Vale, pero Dow es especialmente interesante por lo que aportó su conocida como Teoría de Dow, con la que determinó que los mercados siguen determinadas tendencias predecibles. Dow decía que el mercado siempre tiene tres tendencias o direcciones. Una primaria que dura entre 1 y 3 años; otra secundaria que se mueve dentro de la primaria, en dirección contraria, es más volátil y dura entre tres semanas y tres meses; y una tendencia menor, que se mueve dentro de la secundaria en dirección contraria a ella, y dura menos de tres semanas.

Dow decía que identificarlas es vital para saber comerciar con ellas y no llevarles la contraria. De la teoría de Dow, que tiene en cuenta tendencias que se alargan durante años, siempre se puede sacar una lección valiosa: invertir a largo plazo suele ser siempre la opción más inteligente. Es algo que defendió el famoso inversor Benjamin Graham cuando en la primera mitad del siglo XX acuñó el término de la inversión en valor: comprar acciones a un precio menor a su valor intrínseco, es decir, comprar valores baratos estimando que su precio actual es menor de lo que debería.

¿Qué tal estás, Benjamin?

Esto dice mucho más de lo que parece y por algo el multimillonario Warren Buffett aprendió tanto de Graham en sus tiempos mozos.

¿Qué pasa, Warren? ¿Estás forrao, eh?

De un lado, está la estimación. Solo sabremos que una acción está a un valor menor del que debería si hemos hecho antes un análisis profundo de esos valores. Ya lo decía el empresario Peter Lynch. Si no analizas las empresas, tienes las mismas posibilidades de éxito que un jugador de póker apostando sin mirar las cartas.

¿Qué te cuentas, Peter? ¿Cómo te trata la vida?

De otro lado, cabe asumir que el mercado por sus propias tendencias acabará colocando una acción en su valor intrínseco.

Gracias, Charlie.

Y por último, es necesario abrazar la paciencia para esperar a que el mercado se ajuste hasta llegar a ese valor intrínseco que estimamos en un primer momento y que nos reportará beneficios. Pero todos esos personajes, citas e hitos célebres de la historia de la inversión no deben hacernos perder el foco de los dos puntos clave de los anteriores vídeos: planificación y diversificación.

Como decía el inversor Philip Arthur Fisher, invertir en una empresa sin tener los conocimientos suficientes sobre ella es más peligroso que no tener la diversificación adecuada.

¿Qué tal, Philip?

Y todo este conocimiento acumulado por parte de otros inversores ayuda a tener una idea de por qué el conocimiento exhaustivo de aquello en lo que invertimos y la prioridad por el largo plazo y la diversificación son clave en el entendimiento de lo que significa invertir. En cualquier caso, la mejor lección la dejó Warren Buffett hace años cuando dijo que alguien está sentado en la sombra el día de hoy porque otro plantó un árbol hace mucho tiempo.

Y efectivamente, Buffett compró sus primeras acciones a los 11 años y por eso tras décadas de estudio y buenas decisiones, el mundo le ve como uno de los inversores más exitosos de toda la historia. Así que aquí nos sentamos, a su sombra pero dispuestos a empezar a invertir. Tenemos las claves y no sacar partido a nuestras finanzas desde ya no tendría sentido. Hasta el próximo vídeo.

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