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¿Es mejor invertir en renta fija?

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Más o menos sabes lo que significa y... Bah. Te sorprendería lo que te puede ayudar conocer sus comisiones, sus riesgos y cómo invertir en ella.

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Transcripción

Renta fija. Piensa en ello como dinero que le prestas a un país o a una empresa para que te lo devuelvan en un futuro con un plus de intereses. Pongamos que yo le dejo a Estados Unidos estas tres pelotas —lo siento, Kanye— con la intención de que me las devuelvan en diez años con una pelota extra.

Ya que hemos dejado a nuestro colega sin pelotas al menos que le den una de regalo cuando hayan pasado esos diez años. Y tú no te preocupes, que ahora te doy una pelotita para que no te aburras, guapo.

Esto es lo que llamamos comprar bonos de un Estado, aunque también podríamos hacer lo propio con empresas privadas. Comprando esos bonos, estaríamos financiando a Estados Unidos para que puedan construir nuevas carreteras, hospitales o pagar los salarios de la Policía y de los bomberos. Así que conforme van pasando los años y dependiendo del tipo de bono que hayamos comprado podemos ir ganando trocitos de esa nueva pelota por el interés que se va generando año a año. O directamente podemos esperar diez años hasta recoger las tres pelotas que le prestamos al país en primer lugar, más esa pelota extra que nos prometieron al principio.

Ale, ya tienes pelotita otra vez, majo.

Evidentemente, comprar renta fija no es tan sencillo como llamar por teléfono a la embajada de un país y decir: «Oiga, señor presidente de Estados Unidos, que yo por usted hago lo que haga falta, hermano». En el caso de los bonos, las dos opciones son: o de manera directa o de manera indirecta. Depende de quién sea el titular de ese bono. La manera directa supone que tú eres el titular del bono. No importa si lo compras en el Tesoro o a través de tu banco o de un bróker. Tienes una cuenta y compras los bonos directamente desde ella. Pero, ¿y si no tengo dinero suficiente para comprar un bono? ¿Y si aunque pueda comprarlo, prefiero dividir mi ahorro e invertirlo en diferentes países? ¿Y si quiero también un bono alemán? ¿Me valdrá con el traductor de Google?

Para evitar tanto jaleo, puedo recurrir a otra opción: invertir de forma indirecta a través de un fondo de inversión o de un fondo de pensiones. En un fondo, son sus profesionales los que se encargan de comprar los bonos, y por lo tanto los puedes encontrar en sus carteras. Yo, aunque no sea propietario de ese bono, sería propietario de una parte de ese fondo; y por tanto, propietario indirectamente de los bonos que tenga. Es decir, que ahora tendríamos dos cajas: una en la que tengo el bono que he comprado directamente; y otra en la que tengo un fondo, que a su vez ha comprado otro bono.

En el primer caso, Estados Unidos me devolverá a mí las pelotas prestadas. Y en el segundo, al fondo, que a su vez me las dará a mí o las reinvertirá comprando más bonos.

¡Listo! Lo que es importante es conocer las comisiones que cobran unos y otros. En el caso de los fondos de inversión, los gastos están incluidos en la comisión de gestión. Ojo, que la inversión directa también las tiene. En este caso, los bancos y brókers cobran comisiones por la compraventa, por guardarte los títulos o simplemente por tener una cuenta con ellos. Y las comisiones son un factor relevantísimo en la inversión en renta fija. Dependiendo de en qué país inviertas, la rentabilidad también varía. Si inviertes en renta fija estadounidense es muy probable que gran parte del dinero que ganes se lo coman las comisiones. En otros países, como los emergentes, la rentabilidad es más alta porque el riesgo, claro, es mayor.

Oh, espera. ¿El riesgo? ¿Es que hay riesgo? Amigos y amigas, tengo que contaros algo. En renta fija, al igual que en toda inversión, hay un riesgo. Pero no os asustéis, eh. El principal riesgo que se asume en renta fija está ligado a la posibilidad de que no te devuelvan lo prestado. Para saber con quién te la estás jugando, hay unas agencias, conocidas como agencias de rating, que se encargan de dar notas a los países o a las empresas según la calidad de su deuda. Es decir, valoran esa capacidad que tendrá ese estado o empresa de pagarte a tiempo las pelotas que les hayas prestado, con los intereses pactados.

Esto es lo que hace que invertir en una economía más segura como la estadounidense suponga un riesgo más bajo que hacerlo en economías emergentes, como la India o la brasileña, cuya estabilidad financiera es menor y va con un riesgo mayor. Porque ahí se encuentra la clave de toda inversión. A mayor riesgo asumido por el inversor, mayores intereses y beneficios. Y a menor riesgo, menos intereses y beneficios. Riesgo y rentabilidad son dos de los conceptos determinantes de toda inversión, al que faltaría sumar el conocido como liquidez.

Liquidez es la posibilidad, opción que tiene el inversor de coger uno de sus bonos y venderlo cuando todavía no se ha acabado el plazo pactado. Vuelvo al ejemplo de los bonos estadounidenses que compré directamente. Se suponía que me devolverían las tres pelotas con los intereses en diez años. Pues pongamos que a los cinco años, el perro me pide por favor que recupere las pelotas y me lo dice con esta carita.

Si quiero recuperar mis pelotas antes de tiempo puedo hacerlo. Pero, ¿a qué precio? Pues dependerá. Al igual que los precios de casi todo, de la oferta y de la demanda. Imagínate que cuando quiero recuperar las pelotas que invertí, hay muchísima gente interesada en poner su dinero en Estados Unidos; por lo que sea, porque están seguros de que se lo devolverán con sus intereses o porque los bonos nuevos que emite Estados Unidos no devuelven una pelota más sino solo media. Al ser tan alta la demanda, seguro que consigo recuperar mis tres pelotas e incluso algún trocito adicional.

Vamos, que salgo ganando.

Pero si por el contrario, resulta que en el momento que quiero deshacerme de mi bono Estados Unidos necesita mucho dinero para construir puentes y está emitiendo nuevos bonos —que en lugar de devolver una pelota extra por cada tres invertidas, devuelve dos— claro; el bono en el que yo invertí tiene peores condiciones. Así que si lo vendo, recibiré menos de las tres pelotas que en su día pagué por él. También puede ocurrir que tenga un bono de una empresa que ha quebrado y en ese caso, ni aún bajando mucho el precio consigo que alguien me lo compre.

En este caso, no hay liquidez para este bono. Si todo esto, en lugar de hacerlo de forma directa lo hago de manera indirecta, el riesgo de liquidez baja muchísimo; ya que los fondos tienen siempre liquidez para hacer frente a retirada de los inversores. Moraleja de todo este entuerto: pese a los riesgos que supone; en términos generales, la renta fija es menos arriesgada que la conocida como renta variable.

¿Y esto, por qué? ¿Quiere decir que si una empresa se va a la quiebra, estoy más seguro si tengo un bono suyo yo que una acción? Pues sí, porque si una compañía entra en quiebra, con un poco de suerte los bonistas recuperan parte de lo prestado cuando la empresa se liquida. Sin embargo, los accionistas serán los últimos en ver un duro. Pero será mejor que no nos adelantemos a los acontecimientos, y que te veas el próximo vídeo. Hasta la próxima.