Es día 27. No importa de qué mes. La sensación es terrible sin importar la estación: no te queda ni un duro en tu cuenta corriente. Sin embargo, de repente, como por arte de magia, aparece un ingreso de la compañía para la que trabajas. ¡Fiesta! Ya no hay preocupaciones, nada malo puede pasar en el futuro. «Menos mal que cobro siempre a fin de mes», pensarás.

Pero, ¿y si ese ingreso no llegase? ¿Y si un mes no cobras? ¡Bienvenido al apasionante mundo del autónomo! No te agobies. En realidad, serlo te ha hecho sabio, sobre todo si sigues los mandamientos de los autónomos.

Además, tienes más puntos fuertes que el resto de los mortales. De hecho, hay cuatro lecciones importantes que aprendes al poco de convertirte en autónomo.

Lección 1 de los autónomos: sabes qué es la triskafobia

No solo sabes qué es, sino que ¡la has superado!

Si has llegado a este artículo sin ser autónomo y no sabes de qué estoy hablando, te cuento. ¿Sabes que hay gente a la que le da miedo el agua? O las avispas. O los espacios pequeños. Pues también hay gente con fobia al número tres. Esa es la triskafobia.

En el mundo de los trabajadores por cuenta ajena, es de lo más normal que te paguen por tu trabajo realizado a 30, 60 ó 90 días. O sea: la paliza de hoy la vas a cobrar en tres meses. De ahí la fobia al número tres. Para un asalariado medio esto merecería una manifestación, una cadena humana, un crowdfunding pidiendo ayuda y solidaridad. Para ti, es de lo más normal y ya administras tus cuentas pensando en eso. A veces incluso te sorprendes a ti mismo ahorrando algunos euros de más a final de mes. ¿Y si invirtiendo, esas miguitas se convirtieran en hogazas? Piénsalo.

Lección 2 de los autónomos: conoces la realidad de ser «tu propio jefe»

¿Sabes cuándo ves por ahí la palabra «Ferrero» y automáticamente piensas en una tal Isabel? Si eres autónomo, me juego una mano a que cuando lees el término «proyecto», te viene a la cabeza otra idea: «planificación».

Cuando eres jefe, tú te lo guisas, tú te lo comes, y al plantear un nuevo proyecto debes decidir cuánto vale tu tiempo, los costes que tendrá, el tiempo y los recursos que te llevará finalizarlo. Para ti, presupuestar es casi más natural que respirar.

¿Por qué no aprovechas tu don para gestionar el dinero con perspectiva? Si ya apartas mil euros mensuales, ¿te costaría mucho guardar unos cien euros más? La diferencia es mínima, y ese dinero podrá ir generándote rentabilidad si sabes cómo invertirlo.

Lección 3 de los autónomos: delegar no mata

Seguro que has deseado más de una vez que el día tenga 48 horas, ¿verdad? Y también te habrás dado cuenta más de una vez de que eso no va a pasar en la vida.

No eres todopoderoso, pero sí lo suficiente para poder contratar servicios y colaboradores que te ayuden en tu día a día. Puede que no tengas ni idea de diseño (tu último logo parecía el de un niño de cinco años, reconócelo) y has localizado una agencia que dé vida a tus ideas. O puede que no tengas una flota de vehículos y hayas subcontratado la gestión del transporte. Eres consciente de tus fortalezas y tus carencias. Habiendo llegado a ese punto, ¿crees que sabes gestionar tu dinero de la mejor manera posible? ¿O puede que debas recurrir a un gestor profesional? Lo dejo caer.

reunión mientras aprendes siendo autónomo
¿Eres autónomo? Mi más sentido pésame. FOTO / ANNIE SPRATT

Lección 4 de los autónomos: tú te fijas tus propios límites

Cuando empezaste como autónomo, el primer cliente ocupaba el 200% de tu tiempo. A medida que evolucionabas, has aprendido a administrar mejor las horas y a mantener varias cuentas o clientes a la vez, e incluso a arriesgarte a decir que no a proyectos que no te interesan o que no son necesarios para alcanzar tus objetivos de negocio.

Tú te fijas tus metas, tanto económicas como temporales, y organizas tu empresa de la mejor manera para conseguirlas. ¿Por qué no aplicas también el cuento a tus finanzas? Si sabes identificar objetivos profesionales, nada te impide marcarte metas personales. Llevas mucho camino andado, saca partido a tu experiencia. ¿Qué tienes margen para arriesgar? A por una inversión más atrevida. ¿Qué por el contrario no estás en un momento boyante? Actúa en consecuencia. ¡Eres el dueño!

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