Una de las características de cualquier cartera de inversión debe ser su diversificación. Apostar todo a un único valor puede salir muy bien y permitir un crecimiento acelerado, pero también puede llevarnos a perderlo todo. De modo que podemos diversificar la cartera entre distintas inversiones y limitar así la posibilidad de perder hasta la camisa. Pero, ¿cuál es el límite? ¿Cuantas más empresas tengamos en cartera, mejor? Estas son algunas de las ideas que debes grabarte a fuego.

Esto es como cuando vas de vacaciones y tienes que tener en cuenta no solo que el viaje te apetezca, sino el clima en el lugar de destino, el precio de la vida allí, la manera de moverse, los planes que podrías hacer… Aquí también hay varios factores que debes considerar. El primero es que hay muchos tipos de activos: acciones, bonos públicos y privados, inmobiliario… y formas distintas de invertir en ellos. La liquidez, el plazo de vencimiento o los sectores son solo algunos de los elementos que debes tener en cuenta.

Si te limitas a comprar acciones de empresas, ¿cuántas debe tener tu cartera? Parte de la respuesta está en una investigación que se publicó en el Journal of Business de Chicago Press, elaborada por M. J. Gruber y E. J. Elton. Escogieron una muestra de casi 3.300 acciones y construyeron carteras al azar. Querían observar cómo variaba la volatilidad en función del número de acciones que tuviera cada cartera. Y observaron que el riesgo de aquellas con 30 acciones era prácticamente el mismo que las carteras con 1.000 acciones.

De modo que ahí tienes un límite máximo para configurar tu cartera. Nada te impide diversificar con 50 o 100 valores, pero esto también aumenta el coste de tener que hacer un seguimiento de cada una de ellas. Según la Teoría Moderna de Carteras, a efectos prácticos, a partir de 20 acciones, el riesgo global deja de reducirse. Y, además, tendrás que hacer un seguimiento de cada una de ellas.

Conviene distinguir entre el riesgo diversificable y no diversificable. Si posees acciones de una empresa española, puedes cubrirte del riesgo inherente a esa compañía conformando una cartera más compensada. Pero eso no nos protege de los vaivenes del Ibex, que afectan en mayor o menor medida a la cotización de las acciones. Por eso, una forma de diversificar es introduciendo en nuestra cartera otro tipo de activos, como inversiones en renta fija, o activos muy líquidos.

No se trata solo del número de acciones, sino de diversificar por geografías e incluso por sectores. Por ejemplo, si inviertes en energía, pero también en comercio, telecomunicaciones, medios de comunicación o banca, estás repartiendo tu riesgo. Y si el Gobierno decide modificar el precio de la luz, quizá las empresas de energía se resientan un poco (o bastante), pero el resto de tu cartera no se verá afectada. En ese caso, imagínate qué hubiera pasado si hubieras invertido todo tu dinero en «Energías Martínez».

Hay más criterios con los que puedes ponderar tu cartera. Uno de ellos es el temporal. En lugar de hacer pocos movimientos con cantidades relativamente grandes, puedes comprar acciones de forma periódica. Muchos pocos hacen un mucho. De este modo, promedias el precio de compra y esto resta posibilidades de hacer una compra en un momento inapropiado.

También cabría una diversificación geográfica. Puedes invertir en empresas de diferentes provincias, pero es más significativo si el reparto de nuestra inversión es en países distintos. Hay riesgos que son inherentes a una nación: una mala política macroeconómica, un cambio en la fiscalidad o en la regulación de la economía… Y se convierten en riesgos que pueden incidir directamente sobre tu cartera. Serán menores si en ella hay acciones y/o bonos de otros países.

La diversificación monetaria está asociada a esto último. Imagina que inviertes en acciones de empresas estadounidenses. La cotización de las divisas les afecta porque sus compradores tendrán que comprar sus productos más caros o más baratos, y eso afecta a sus exportaciones y a sus resultados. Un consejo: no te agobies con tantas opciones. Piensa que cuantas más existen, más manga ancha tienes para sentirte cómodo con tu cartera. Sentirte identificado con las decisiones que tomes esa es la filosofía base para ser buen inversor. ¡A por ello!