«¿Me compras ese dinosaurio?»

«Necesito esa diadema con orejas de gato»

«Si no me compras un SuperThings, me enfado».

Si tienes hijos o sobrinos seguro que has escuchado mil veces cosas parecidas. Y no sé si los niños vienen con una barra de pan bajo el brazo, pero de que lo que estoy segura es de que les ha hecho la boca un fraile.

Y claro, aquí viene la disyuntiva interna a la que nos enfrentamos muchos padres: «Total, por un euro de SuperThings, ¿qué más da? Se lo compro y que deje de dar guerra. Aunque, claro, es que si se lo compro le estoy malacostumbrando y lo que ahora es un SuperThings o un dinosaurio, en unos años se convertirá en la Play. Y eso ya no es un eurito de nada».

Efectivamente. Los hábitos más importantes de nuestras vidas los adquirimos de niños y las habilidades relacionadas con el dinero no son diferentes.

Enseñar a tu hijo a ahorrar, el valor del dinero o cómo gestionar la paga le ayudará a ser responsable con sus finanzas. Y, aquí viene lo importante: esto le evitará cometer de mayor errores financieros graves que deriven en ahogos económicos.

Pero, ¿cuándo es el mejor momento para empezar a hablar a los niños de dinero? A partir de los tres o cuatro años ya puedes empezar a introducir pequeños conceptos en su rutina. Es el momento en que se desata sus ganas por tenerlo todo, comprarlo todo, pedirlo todo. Así que es el momento perfecto para comenzar.

Eso sí, ten en cuenta que los pequeños aprenden a través del juego, así que no intentes darles clases magistrales sobre el ahorro o la inversión. Cuanta menos teoría y más práctica, mejor: 

1.- Explícale para qué sirve el dinero

El dinero sirve para comprar ese dinosaurio, ir al cine, comer chucherías, pagar la suscripción de la serie que ve todos los días. Elige uno o dos ejemplos de lo que más le guste y que sin dinero no podría disfrutar. Así tomará conciencia del precio de las cosas y el valor del dinero.

2.- Que entienda de dónde sale el dinero

Los niños tienden a pensar que el dinero es ilimitado. «Pues ve al cajero y saca más». Es importante explicarles que el dinero no fluye del cajero automático o de la cartera de mamá como si fuera un río. El dinero no estaría ahí si no hubiera un trabajo, un esfuerzo previo. No se trata de exagerar, pero sí de que sean conscientes de lo que cuesta ganarlo y lo rápido que se gasta si no planificamos bien.

3.- Asígnale una paga

De esta forma le será más fácil asimilar los dos conceptos anteriores y podrá empezar a jugar con sus propias finanzas. Cuando son pequeños, jugarán a contar las monedas, a amontonarlas por tamaño… Recuerda que en estas etapas el juego simbólico es esencial para su comprensión del mundo. Aprovecha para enseñarle las diferencias entre ellas. Ponle ejemplos de qué podría comprar con cada una e, incluso, acompáñale a una tienda a que haga sus primeros pagos. Así irá asumiendo el concepto del valor.

Cuando sea más mayor, haz que esa misma paga sea fruto del esfuerzo, algo que si no cumple con sus obligaciones (recoger los juguetes, hacer la cama, terminar los deberes) no recibirá. ¿Mensual o semanal? En niños pequeños, es mejor semanal. Poner retos cercanos en el tiempo les permitirá asimilarlo de forma más sencilla.

4.- La importancia del ahorro: priorizar

Una vez que entienden para qué sirve el dinero, es momento de ponerse metas, de enseñar a los niños a ahorrar. Aprovecha cuando tu hijo te pregunte “¿Me compras eso?” para enseñarle una valiosa lección. Ofrécele apuntar ese deseo en una lista. Dibujadlo, poned el precio o el número de semanas necesarias para alcanzarlo (en relación a la paga). Así tendrá un objetivo específico y alcanzable a corto plazo. Cuando lo logre, lo valorará aún más. Este mismo método le ayudará a discriminar entre lo que realmente quiere y los caprichos del momento. Seguro que no valora igual el dinosaurio del kiosko que ir al parque de atracciones.

Si se acumulan muchas cosas en la lista, ayúdale a darles prioridad. Pide al pequeño marcar con un color qué cosa quiere ahora mismo y cuál en un futuro. Esto desarrolla la habilidad de planificar.

5.- Cómprale una hucha

Tan sencillo, tradicional y tangible como eso. Sobre todo si se trata de niños pequeños. Una hucha permite poner en práctica todo lo anterior. Les permite ver cuánto ha crecido su ahorro y cómo de cerca están de su objetivo tantas veces como quieran. Incluso, pueden decorar la hucha (ya sea un tarro de cristal o el típico cerdito) con un dibujo o foto de lo que quieren y así tener siempre presente ese objetivo.

 6.- Apuntar los gastos mensuales

Un paso adicional cuando son más mayores es ayudarles a hacer una recopilación de los gastos del mes. Esto les ayudará a ver en qué gastan el dinero, si son capaces de ahorrar, etc. 

Lo que no debes hacer

Todo lo anterior no tendrá sentido si tu hijo te ve a ti hacer otra cosa. Por mucho que intentes inculcarle el esfuerzo de ahorro, si todos los días te ve sacar la tarjeta para comprar caprichos será eso lo que aprenda. Recuerda que su mejor aprendizaje está en ti.

Del mismo modo, no le des dinero extra cada vez que apruebe un examen o cumpla con sus obligaciones. Esto convertiría sus estudios en un medio para adquirir dinero y no conocimiento. Además, podría asumir que sus obligaciones son algo optativo. 

No digo que cuando haya una gran noticia no la premies, como terminar el curso con muy buenas notas o una victoria importante en el deporte que practique. Los grandes eventos pueden (y deben) ser muy celebrados y, si así lo consideras, premiados. Pero que el dinero nunca reste importancia a su satisfacción personal por el reto conseguido, que sea una consecuencia más del esfuerzo, no el fin en sí mismo.

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