Nadie dijo que fuera fácil montar en bici por primera vez. Tampoco el enfrentarse a cien pares de ojos nuevos tu primer día de universidad o el primer día de trabajo. Te apetece mucho vivir la experiencia, pero al mismo tiempo se te encoge el estómago. Luego lo haces y no es para tanto, ¿verdad? Seguro que te sucede algo similar con la inversión. Te interesa probar, pero sufre. Además, si no sabes nada del mundo financiero, parece ser un mundo muy complejo en el que es muy fácil meter la pata y perder hasta la camisa. Es normal, no eres el único ahorrador que tiene vértigo a invertir. Hay varias cosas que debes saber para enfrentar esos miedos y convertirte en un inversor.

Quizás lo primero sea despejar algunas dudas y eliminar algunas ideas muy comunes, pero falsas. Como, por ejemplo, la de que para invertir se necesita mucho dinero. Esto no es así. Por ejemplo, no hay un límite legal mínimo para invertir en un fondo, y en varios de ellos puedes entrar con 5, 10 o 100 euros, ninguna cantidad que vaya a suponer un compromiso.

Otra idea preconcebida y errónea es la de que invertir no es para ti, y que lo harás cuando ganes más dinero. Pero puedes empezar con poco dinero, como acabamos de ver, y cuanto antes empiecen tus ahorros a generar intereses tus ahorros, mejor.

También se piensa que es un mundo muy inseguro y arriesgado; y puede serlo. Pero no tienes por qué invertir más que el dinero que no necesites en este momento, ni asumir más riesgo que el que desees. Hay infinidad de opciones para todos los perfiles, y sólo tienes que elegir el tuyo. Nadie va a presionar tu cuello con un cuchillo para que pulses la tecla de «Invertir hasta mis muelas del juicio».

Es cierto que se puede perder en una inversión; el riesgo es parte del mundo financiero. Pero también hay riesgo de que te caiga una maceta en la cabeza cuando sales a pasear por la calle y no por eso te aíslas en tu casa, ¿no? No debe darte miedo, pues el riesgo (como el vértigo a invertir) se puede mitigar de una forma muy fácil y al alcance de cualquiera: diversificando. Es decir, destinando tus ahorros a productos que están ya muy diversificados, o a inversiones distintas. De modo que si alguna de ellas sale mal y en lugar de sumar a tu capital, lo resta, sólo será de una parte de tus ahorros y no de todos. Uno de los primeros consejos que vas a escuchar de cualquier experto en inversión es precisamente ese: «Diversifica tu inversión para controlar el riesgo».

Lo mejor es invertir en una empresa o en un sector que conozcas o en el que confíes, pero si tienes ya bastante con tu carrera profesional y te cuesta dedicarle tiempo a analizar los mercados, hay muchas opciones para ponerse en manos de expertos. Una de ellas son los fondos de inversión, que son el instrumento por excelencia para destinar tus ahorros. Pero hay otros instrumentos, y cuanto más te familiarices con ellos, mejor.

De hecho, más que invertir, lo que debería preocuparte es la posibilidad de no hacerlo. Porque si acumulas un capital, grande o pequeño, te servirá de respaldo si la situación es desfavorable. Se puede depender sólo de los ingresos como trabajador, pero no es lo más recomendable precisamente porque no es lo más seguro.

Por el contrario, la seguridad proviene de la inversión, de la creación de un capital que responda por ti cuando lo necesites. Y debes ver tu carrera de inversor como paralela a tu carrera profesional. El camino lógico es que durante la primera parte de tu vida conviertas tu renta en riqueza, para que en la segunda conviertas esa riqueza en renta y así tener cubierto el futuro.

Si aún no las tienes todas contigo quizá sea porque te falta información. Una de las características de los millonarios es que leen con mucha frecuencia: adquieren conocimientos sobre cómo funciona el mundo, sobre historia, economía, finanzas… Si este mundo te es ajeno, puedes empezar por leer algún libro que te introduzca en él. Aunque hay muchos y cada año hay más, hay un clásico que es una guía especialmente segura y te enseñará los rudimentos de esta actividad: El inversor inteligente, de Benjamin Graham.

Por último, esta no es una actividad de una vez. Es más un hábito, con el que, a medida que pase el tiempo, irás aprendiendo y ganando en seguridad y en patrimonio. Esto es como andar en bici. Desaparece el vértigo a invertir. Prometido.