El concepto de viviendas sostenibles empezó a utilizarse en los años 60 en Estados Unidos. Esos años estuvieron marcados por dos factores: la proliferación de sociedades muy industrializadas y la crisis del petróleo de 1973. Ambos elementos revolucionaron el consumo energético en toda la sociedad. 

Las casas sostenibles se adaptan a las necesidades de la vida cotidiana. Están confeccionadas de materiales reciclados. Muchas de ellas se construyen lejos de los núcleos urbanos. Con estas edificaciones se busca que el impacto de la construcción resulte menos invasivo. También que el sector inmobiliario trabaje por la eficiencia energética de los hogares. Un estudio del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) del año 2008 ya exponía que la arquitectura bioclimática en nuestro país permite economizar entre el 60 y el 80% del consumo energético de una vivienda convencional. 

Así se construyen las viviendas sostenibles

Las viviendas sostenibles tienen en cuenta las condiciones naturales y climáticas del terreno sobre el que se edifican, y por ello aprovechan los recursos libres (sol, lluvia, viento…) que están a su alcance. Pero lo que hace novedosas estas casas es que están preparadas para que su consumo sea casi nulo. 

¿Cómo logran estas viviendas reducir el consumo casi a cero? Esto se consigue al aplicar tecnologías basadas, sobre todo, en las energías renovables: su arma principal son las placas fotovoltaicas, con las que la vivienda obtiene agua caliente y calefacción para su funcionamiento. Los suelos y las maderas ayudan a aislar del frío exterior, y eso ayuda a un menor consumo energético. Al igual que las bombillas de baja intensidad. El último de los complementos que provoca que estas casas se conviertan en viviendas realmente sostenibles son las pinturas ecológicas y el mobiliario elaborado con material reciclado. 

La filosofía de estas viviendas tiene que ver con aprovechar los recursos al máximo. Y por eso se intenta también reducir al máximo el despilfarro de agua. Es otro de sus rasgos esenciales: se logra con aireadores que permiten ahorrar entre un 40 y un 60% del consumo del este bien indispensable. Es decir, en una familia de cuatro personas, una factura anual de 400 euros de agua quedaría reducida a la mitad si su vivienda tuviese estas características. 

Tu casa desde tu móvil

Las casas inteligentes utilizan nuestro móvil como punto de partida para gestionar la energía, mejorar las labores domésticas e incluso nuestra seguridad. Por medio de la monitorización de nuestros datos se pueden conocer nuestros hábitos de consumo eléctrico.

La tecnología doméstica gestiona la iluminación, aprovecha los recursos naturales e incluso pone en funcionamiento electrodomésticos de la casa en las horas en las que la tarifa eléctrica es más barata. Gracias a la información que recopila sobre el usuario puede reorganizar de manera más eficiente el uso que se hace en casa de cada aparato y ofrecer alternativas para que sea más sostenible. 

La Asociación Española de Domótica estima el coste del consumo energético para una familia en 900 euros al año. Si aplicáramos esta tecnología en nuestras casas reduciríamos nuestro gasto, pero también estaríamos colaborando para no depender tanto de los combustibles que en mayor medida contaminan nuestra atmósfera y el medio ambiente. Es decir, el carbón, el petróleo, el gas natural o el uranio. 

Las casas inteligentes y robotizadas están a la orden del día y los datos lo demuestran. En 2018 el número de hogares inteligentes en Europa y América del Norte asciende a los 64 millones. La previsión es que en 2023 aumente hasta los 144. La transformación en el consumo energético y sostenible de las viviendas vendrán de la mano de distintas tecnologías como termostatos, bombillas, cámaras de seguridad, aires acondicionados, cerraduras inteligentes, enchufes y altavoces inteligentes. 

Passivhaus, un modelo de origen alemán 

Otra variante de las casas sostenibles son las passivhaus, desarrolladas en la década de los 90 en Alemania. Traducido literalmente, las llamaríamos casas pasivas, autosuficientes, por cómo están construidas. En España las Comunidades Autónomas con mayor número de casas pasivas son Cataluña con 28 y Madrid con 19. Le siguen Navarra y País Vasco con 18 y 12, respectivamente. 

Seguro que has visto más de alguna, ya que son reconocibles por su estilo minimalista, su diseño armónico, preparado para las tareas del día a día. Este tipo de viviendas ayudan a reduciir en un 75% las necesidades de calefacción y refrigeración. 

La construcción de este tipo de inmuebles está ayudando a crear lo que se conoce como Smart Cities, espacios responsables con el medio ambiente que generan otros beneficios colaterales. Las Smart Cities ayudan a mejorar la calidad del aire y a reducir de la pobreza energética;  ofrecen además la posibilidad de instalar otros tipo de equipos más innovadores y ecológicos en las áreas urbanas.