El clima nunca ha dejado de cambiar. Lo que está en cuestión es el papel del hombre en ese cambio climático, y en particular en el calentamiento global por causa de la emisión de CO2 y otros gases de efecto invernadero.

Desde Naciones Unidas y otras instituciones se insta a gobiernos y sociedades de todo el mundo que cambien la estructura económica, para lograr que la contribución del hombre al efecto invernadero sea menor. El gran enemigo es el CO2, aunque también se estudia el efecto de otros gases, como el metano. 

A partir de ahí, como inversores tenemos que plantearnos dos escenarios: el de que se produzca un calentamiento global, y el de la respuesta del sistema económico a las políticas de los gobiernos para luchar contra el efecto invernadero. Y a partir de ahí, tienes que hacerte una pregunta, ¿riesgo u oportunidad?

El Fondo Monetario Internacional advirtió en su informe World Economic Outlook del año pasado que “en el medio plazo, el cambio climático y la discordia política”, entre otros factores, “podría rebajar la perspectiva de crecimiento potencial”.

El Banco Mundial tiene un mensaje más catastrofista: “Si no se adoptan medidas urgentemente, los impactos del cambio climático podrían empujar a la pobreza a 100 millones de personas más para 2030”, advierte desde su web dedicada al cambio climático. Según los propios datos del Banco Mundial, en 2008 había 1.229 millones de personas en el mundo que viven con 1,9 dólares al día, y en 2015, último año para el que hay datos, el número se había reducido a 735 millones: 494 millones menos en ocho años. El Banco Mundial cree que se podría revertir la tendencia lo que, de cumplirse, sería un verdadero desastre.

¿Qué podemos hacer?

El crecimiento económico es muy complejo, y los economistas no se ponen de acuerdo en el modo en que éste se produce y en qué circunstancias. Pero sí hay al menos dos elementos que se suelen citar con frecuencia: la extensión del comercio y la acumulación del capital. No hace falta negar el calentamiento por causa del hombre para creer que es un factor más que tener en cuenta.

El otro lado de la moneda es qué podemos hacer para luchar contra la contribución humana al efecto invernadero. Y eso sí te toca como inversor. No se trata sólo de las llamadas de atención de Naciones Unidas, ni de los acuerdos entre gobiernos, como el Acuerdo de París, sino del esfuerzo de toda la industria por adoptar tecnologías más limpias, y del sistema en su conjunto por hacer una transición a unas nuevas fuentes de energía. Es ahí hacia donde vamos, y sólo tienes que pensar cuál puede ser tu participación en este cambio económico.

El primer ámbito en el que tienes que fijarte es precisamente ese, el de la energía. Desde el ámbito político se ponen todo tipo de trabas a ciertas tecnologías que demandan combustibles fósiles, como son por ejemplo los coches, tanto de gasolina como de diésel. El objetivo es retirar estos motores que queman hidrocarburos y emiten CO2 y polución. La Unión Europea prohibirá la venta de coches de motor de combustión en 2040, y su circulación a partir de 2050. Parecen fechas lejanas, pero si se comparan con la enorme transformación que exigen a los consumidores y a la industria, no lo son. 

El cambio energético, una realidad

Ya hay tecnologías alternativas que empiezan a mostrar una viabilidad tanto energética como tecnológica y económica, como son los coches híbridos y eléctricos. Lo mismo va a ocurrir con otras industrias que se tragan el petróleo y el carbón, y expulsan CO2. De modo que el cambio energético es una realidad.

Según el prestigioso informe de British Petroleum BP Energy Outlook 2019, la demanda de petróleo se va a estancar hasta 2040, la de carbón va a reducirse, y aumentarán el gas, la energía nuclear (con un peso relativamente pequeño en el mix), y sobre todo las energías renovables, incluyendo la energía hidráulica. Y donde está la demanda, tiene que estar la inversión, y por supuesto hay fondos especializados en estas fuentes energéticas.

Como sabemos por el escándalo sobre la medición de emisiones contaminantes de Wolkswagen, qué comportamiento tengan las empresas al respecto tiene mucha importancia. El nuevo consumidor no quiere sólo obtener más a cambio de menos. Sabe que las empresas pueden darle buenos productos o servicios a precios que entren en su presupuesto. Pero no le basta con eso, y le pregunta a las marcas qué hacen respecto de los problemas del mundo. Esa tendencia se va a intensificar, y será fundamental para observar quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores en el mercado. El consumidor manda, y éste quiere compromiso. 

Por lo que se refiere a los sectores, uno de los que merece mayor atención es el de la agricultura, los bosques y el uso de la tierra. El transporte, por supuesto, es la estrella en este cambio. Pero también hay otros sectores relevantes, como el inmobiliario, las infraestructuras, u otras industrias transformadoras.