Los caminos de las conexiones neuronales son casi inescrutables, aunque los neurocientíficos están avanzando mucho en su conocimiento. Espero que algún día puedan explicarme por qué cuando leo la palabra chips ineludiblemente veo patatas fritas. Mi único consuelo es que al introducir chips en Google, todas las imágenes que salen son de patatas fritas. El algoritmo y yo ya somos colegas.

Cuento todo esto porque el otro día estaba buscando tema para este artículo y, entre un montón de términos financieros, apareció uno que de inmediato me llevó a ver patatas fritas: blue chips. Las patatas fritas azules parecían un arriesgado experimento marketiniano, pero enseguida recordé que hay un tipo de patatas de ese color que había visto en Perú y en algún puesto de la Boquería de mi Barcelona natal. Así que me fui en busca de mi colega algoritmo, y entre las imágenes que me mostró había una bolsa de potato chips hechas from blue potatos. Inspiré, suspiré y me dije: «Javier, no estás tan mal de la azotea».

¿Qué son los blue chips financieros?

Así se conoce a los valores de las empresas cuya situación financiera es sólida y estable. Podríamos decir que invertir en blue chips es algo seguro o de riesgo controlado. Suelen ser empresas rentables, asentadas, con marcas conocidas, líderes en sus mercados y presencia internacional. Teóricamente sus valores son estables, con poca volatilidad y alta liquidez. Lo que nos gusta a todos, vamos. 

La expresión blue chips proviene de principios de los años 20 y fue acuñada por Oliver Gingold. Del señor “ginebra de oro” lo único que sé es que era un empleado de Dow Jones & Company, la empresa fundada por los periodistas Charles Dow y Edward Jones en 1882 junto con su socio Charles Milford que creó un índice bursátil con el nombre de la empresa. Gingold escogió ese término inspirándose en los casinos, en los que, al parecer, las fichas azules eran las de mayor valor.  

En las últimas décadas, las blue chips han cumplido un papel acorde con su definición y se han configurado como la mejor opción para ver crecer el capital a largo plazo sin correr riesgos. Invertir en blue chips no garantiza la mayor rentabilidad del mercado, pero a cambio el inversor puede tener una cierta sensación de tranquilidad. Normalmente, además, se trata de empresas que suelen pagar dividendos. Apple, Johnson & Johnson, Exxon Mobile, Coca Cola o Amazon más recientemente serían ejemplos de blue chips.

Algunas empresas se ven obligadas a abandonar ese pequeño paraíso de los elegidos. Uno de los más claros ejemplos puede ser el de Kodak, una compañía que no supo ver el potencial de la fotografía digital a pesar de haberla inventado en 1975. La mala toma de decisiones hizo que la que fuera blue chip afrontara un proceso de quiebra en 2012.

El nuevo entorno económico en el que nos movemos, con la globalización y la revolución tecnológica, está generando cambios estructurales profundos, constantes y rápidos. La estabilidad es ya un bien escaso. El riesgo de no saber interpretar los aires de cambio son mucho mayores que hace dos décadas. Los consumidores adoptan nuevos patrones de consumo, cambian sus comportamientos. Esta ventaja competitiva ahora es transitoria, fácilmente replicable por la competencia o superada por nuevas tecnologías. 

¿Quiere ello decir que ese concepto de blue chips está desfasado? Mi opinión es que no. En un entorno incierto, son precisamente estas empresas las que tienen recursos y talento para manejarse en aguas movidas. Por esa razón, siguen cumpliendo una función acorde con su definición en los mercados financieros. 

Eso sí, antes de invertir en una blue chip, compruebe que no solo tienen buenas cifras de negocio y grandes gestores. Asegúrate de que tienen un nutrido departamento de futurología. En el resto de empresas probablemente tengan que buscar sus futurólogos en los anuncios por palabras. Esa es la diferencia.