En la reunión del pasado jueves decepcionaba al mercado. Descartaba una rebaja de tipos y lanzaba un programa de liquidez de apenas 120.000 millones de euros. Ayer, menos de una semana después, y por la vía de urgencia, el BCE aprobaba otro programa de compra de deuda. Esta vez el importe es de 750.000 millones de euros. Y, lo más importante, estas compras se podrán dar tanto en deuda pública como corporativa y de entidades financieras. El BCE se concede, además, la flexibilidad de no estar constreñidos por el peso económico de cada país en caso de que fuera necesario.

Esta respuesta iba acompañada de un mensaje claro: “No hay límites en nuestro compromiso con el euro”. Lagarde explicaba que “si los límites autoimpuestos en el programa de compras no dejasen cumplir con el compromiso de estabilidad, se revisarán”. Con estas medidas el BCE quiere dejar claro que están aquí para solventar los problemas de liquidez que se estaban produciendo sobre todo en los mercados de renta fija, donde no había demanda para las ofertas de venta. Esta inyección cubre las necesidades de demanda (y las multiplica x3), dejando claro que no va a faltar liquidez al mercado.

Con ello, el BCE persigue el objetivo de eliminar la volatilidad e inestabilidad de la deuda soberana, eje sobre el que pivota el resto de la deuda.

Reacción de los mercados

La respuesta de los mercados ha sido automática. Las curvas de tipos vienen hoy recuperando. El tipo de interés del bono español abre bajando 43 puntos básicos, hasta el 0,794%. El bono italiano baja 80 puntos básicos, una oscilación que no se veía desde el famoso “whatever it takes” de Mario Draghi.

Queda claro que en Europa tardamos mucho tiempo en movernos, pero cuando nos movemos pisamos fuerte. Lo que hace falta ahora es que bajen las curvas de contagio y que vuelva el apetito riesgo de los agentes económicos.