Poco a poco, el entorno económico va cambiando.

La vuelta a algo parecido a la normalidad ha hecho que éste haya sido un año de recuperación económica, tal y como esperaba el consenso.

Lo interesante, y seguramente lo que mueva el mercado en los próximos meses, será aquello que no estaba en el consenso y que es difícil de predecir, al menos a corto plazo.

Dentro de los numerosos temas a los que mira el mercado destacan dos que pueden condicionar el sentimiento de inversores y el comportamiento de las autoridades monetarias y gobiernos:

  • La inflación
  • La evolución de la economía china

La inflación ya está aquí

Los datos a nivel global muestran una tendencia al alza de la inflación. La subida de los precios de la energía y los cuellos de botella en la cadena de suministros -la oferta no está siendo capaz de abastecer la rápida recuperación de la demanda-, harán que la inflación siga subiendo hasta final de año.

Esto nos lleva a la mayor probabilidad de tipos al alza e, incluso, citando el mayor riesgo para 2022, de un movimiento “obligado” de subidas de tipos por parte de los bancos centrales que podría dañar el crecimiento.

El lejano Oriente

En cuanto a China, como es habitual, es difícil saber con exactitud la magnitud del problema de su sector inmobiliario ni cómo actuará el gobierno chino ante la necesidad de rescate de aquellos emisores con mayor apalancamiento como es Evergrande.

El objetivo del gobierno chino se encuadra en el lema “prosperidad común”, es decir, reducir desigualdades. Esto podría atentar, a corto plazo, contra el crecimiento, sin perder de vista un objetivo más amplio: ser la primera potencia económica.

El riesgo de contagio, con la información que contamos, parece limitado. Este tipo de deuda suelen tenerla los inversores chinos, por lo que parece un problema local cuyo efecto en el resto de mercados se produciría sólo si deriva en un menor crecimiento de la economía china.

¿En qué invertir estos meses?

En este entorno todo el mundo mira a los bancos centrales.

Las políticas fiscales serán cada vez menos expansivas y los estímulos monetarios dependerán mucho del crecimiento económico y de lo estructural que sea el repunte en inflación.

Por eso, en los próximos meses, hasta que se clarifique el menor ritmo de compras de banqueros centrales y el calendario de futuras subidas de tipos, creemos que hay que seguir invertido en renta variable y tener una exposición reducida a tipos de interés en renta fija.

Dentro de la renta variable, seguimos dando más peso al bloque desarrollado, principalmente a la zona euro, y mantenemos una exposición menos marcada en términos sectoriales, hasta que se confirme una nueva rotación hacia sectores cíclicos.

En general, seguimos viendo entradas en fondos temáticos e inversión sostenible, lo que debería dar continuidad al buen comportamiento que ya han tenido en los últimos años.

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